El editorial de Vanguardia, “Más que políticos, necesitamos visión”, nos deja un diagnóstico contundente sobre Bucaramanga y sus municipios conurbados: “el área metropolitana de Bucaramanga crece sin un horizonte claro y en completa descoordinación”. La movilidad colapsa, la inseguridad aumenta y el desarrollo urbanístico es caótico. En medio de ese escenario, vuelve a tomar fuerza el debate sobre la necesidad de evolucionar hacia esquemas más sólidos de gobernanza supramunicipal e, incluso, hacia modelos de integración metropolitana más ambiciosos, como el “Distrito Metropolitano”.
Sin embargo, antes de pensar en nuevas figuras regionales, Bucaramanga debe resolver su propia fractura interna. Resulta imposible hablar seriamente de integración metropolitana cuando la ciudad ha sido incapaz, durante décadas, de integrar dignamente el norte de Bucaramanga (comunas 1, 2 y corregimientos) con el resto de su estructura urbana. Allí persisten déficits históricos de infraestructura y desarrollo económico, baja conectividad vial y una evidente inequidad territorial frente a otras zonas de la ciudad.
La discusión quedó nuevamente expuesta en el evento convocado por el representante Diego Fran Ariza, “Santander dialoga: soluciones para la vía La Virgen – La Cemento”. Allí se evidenció el enorme rezago de uno de los proyectos viales más importantes para Bucaramanga. El tramo hace parte del Convenio Interadministrativo 1113 de 2016, con una inversión proyectada de $144.671 millones para construir cinco kilómetros de segunda calzada, un intercambiador vial, dos puentes peatonales y la rehabilitación de la calzada existente. No obstante, después de casi una década, el proyecto apenas registra un nivel de ejecución cercano al 2,62 %, una cifra que refleja una ineficiencia administrativa extrema.
Más grave aún es el vacío institucional alrededor del proyecto. A pesar del tiempo transcurrido, el tramo “La Virgen – La Cemento” ni siquiera cuenta con estudios y diseños definitivos. Durante la discusión pública quedó en evidencia la desarticulación entre las entidades involucradas, funcionarios que desconocen las obligaciones del convenio y responsabilidades que se diluyen entre los distintos niveles de poder.
De igual forma, resulta preocupante que la Alcaldía de Bucaramanga apenas haya reconocido recientemente que el denominado tramo 6 está bajo su jurisdicción, administración y mantenimiento, todo ad portas de solicitar al Concejo Municipal autorización para un histórico empréstito que renunciaría a cualquier inversión en el norte de Bucaramanga. Mientras tanto, las únicas alternativas planteadas parecen limitarse a gestionar recursos ante el Gobierno Nacional o reactivar el peaje de Rionegro, soluciones lejanas que hoy lucen más cercanas a la improvisación que a una estrategia seria de infraestructura regional.
Antes de pensar en una gran integración metropolitana, Bucaramanga debe demostrar que puede resolver sus propias fracturas territoriales. Al final, la conclusión es inevitable: el que no puede lo menos, difícilmente podrá lo más.












