Publicado por: Editorial
Quizás, dados los últimos acontecimientos relacionados con la ampliación de la vía La Virgen – La Cemento, lo que más convenga a la ciudad sea que llamemos las cosas por su nombre y anotemos este como uno de los más vergonzosos fracasos de la dirigencia política local en lo que va del siglo, puesto que hoy es la prueba de una incapacidad crónica para resolver lo urgente, lo necesario y lo justo para una región entera.
La necesidad de esta vía tiene al menos cuatro décadas, tiempo más que suficiente para haberla diseñado, financiado, construido y entregado, pero nada ha ocurrido. Veinte años cumplió el anuncio formal de su ejecución y ni siquiera se ha contratado un solo kilómetro. Esa es la magnitud del fracaso: cero avances físicos, cero compromisos ejecutados, cero soluciones para el norte de Bucaramanga.
Pero el problema, a pesar de su magnitud, parece empeorar, pues dos décadas después de que se anunciara la obra, y catorce años después de la fecha en que debía estar entregada, parece que comienza todo un litigio judicial y administrativo, ya que ni siquiera está claro quién pone la plata, si el peaje de Rionegro vuelve o no, si Findeter tiene o no razón, o si los predios son 239 o 127.
La ampliación de la vía La Virgen – La Cemento se ha consolidado como uno de los fracasos más vergonzosos de la dirigencia política local. Veinte años después de su anuncio formal, el proyecto registra un doloroso balance: cero avances físicos y cero compromisos ejecutados para el norte de Bucaramanga. Mientras los funcionarios de turno se diluyen en interminables mesas técnicas, el norte de Bucaramanga paga los platos rotos.
Visto de otra manera, el proyecto salió de su largo estancamiento, pero para caminar hacia atrás. Los estudios y diseños recibidos por Invías en 2018, tasados en 68 mil millones de pesos, están obsoletos; faltan 127 predios por adquirir de una licencia ambiental modificada en 2020; el peaje de Lebrija está pignorado hasta 2038 y el de Rionegro lleva cinco años con recaudos en cero.
La dirigencia política de Bucaramanga ha usado esta vía como embeleco electoral durante décadas y, ante el descalabro, ahora se buscan votos prometiendo desatascar el proyecto, algo que tampoco pasará en buen tiempo, pues, tal y como están las cosas hoy, las posibilidades reales de ejecución en la próxima década son también muy cercanas a cero.
Y mientras la incompetencia y la indolencia avanzan, hay familias que tienen sus predios congelados, sin poder vender, construir ni ampliar, cuando estos son sedes de negocios, porque una línea imaginaria llamada “trazado” los dejó en suspenso; pero también hay emprendedores del norte afectados, transportadores que pierden horas valiosas, estudiantes que llegan tarde y trabajadores que se agotan en el trancón.
La Contraloría anuncia una veeduría especial, que ojalá cumpla fiel y rápidamente su labor, pero lo que se necesita, sobre todo, es que se reconozca limpiamente la gravedad de la situación: que el proyecto no está priorizado, que no tiene recursos asignados y que lleva dos décadas sin dar el primer paso.
Rionegro dice que no pondrá el bolsillo otra vez, Lebrija ya no puede aportar más, la Gobernación no muestra una posición definida, Invías no prioriza una vía municipal y la comunidad pide respeto y que se diga con seriedad si la vía se va a construir o no, pero lo único que reciben son evasivas, mesas técnicas, actas y más promesas.
La verdad, aunque sea incómoda, es que esta obra ya no depende solo del presupuesto, sino de un gran capital de vergüenza política. Depende de que los gobiernos muestren efectivamente la voluntad de responder por las necesidades del norte.
Mientras no aparezca ese liderazgo, la doble calzada La Virgen – La Cemento seguirá siendo la muestra de cómo la política local condena a sus ciudadanos a vivir atrapados en el pasado o encadenados a promesas de futuro que nunca se cumplen. Esta obra, tantas veces anunciada como un hecho, acumula 20 años perdidos y lo más grave es que todos los indicios de hoy dan para pensar que así será en la próxima década. Toda esta incapacidad no es lo que somos ni es lo que merecemos.












