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Sábado 16 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Entre la cultura y la incultura

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“El 13 de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría”, me enseñaron en el colegio de las Pachas y siempre lo tendré en mi corazón. La historia de la Virgen de Fátima es muy interesante por el contexto de su aparición, en medio de la Primera Guerra Mundial, con un contundente mensaje de penitencia y oración. Y aplica la coincidencia, porque también el 13 de mayo se conmemora la creación del Estado Federal de Santander, lo que para nosotros es la celebración de la santandereanidad, regularmente cumplida exaltando los valores y costumbres que nos caracterizan: el coraje, la valentía, la capacidad de trabajo y la sinceridad.

Los santandereanos somos berracos para trabajar; nos acusan de bravos y gritones, pero sabemos que ese señalamiento se genera cuando demostramos firmeza, franqueza y carácter para enfrentar los desafíos. A muchas personas de otras latitudes les puede impactar el nivel de exigencia, el volumen o el rigor, pero el valor positivo está en que somos gente decente y frentera. Gente en quien confiar.

Dicho esto, y habiendo disfrutado diferentes celebraciones culturales en esa semana de la santandereanidad, debemos enfrentar la realidad de la incultura ciudadana que desafortunadamente observamos con demasiada frecuencia en Bucaramanga. El ruido excesivo proveniente de establecimientos de rumba y su entorno, las motos con exhostos modificados y caravanas de piques que no solo ponen en riesgo la vida de sus conductores sino la tranquilidad ciudadana, el mal parqueo en vías principales que afecta la movilidad y genera inseguridad para peatones y conductores, los rayones y grafitis en fachadas y puentes, el desaseo en espacios públicos, la pérdida del ornato y el vertimiento indiscriminado de desechos inservibles.

Pero lo peor es que parece que eso no nos importa; no hay condena efectiva y estamos normalizando el mal comportamiento. De hecho, la campaña “El Buen Bumangués”, que se anunció hace un par de meses, no parece tener mayor activación aún.

Entonces, la berraquera debe llevarnos a repensar si el carácter fuerte y decidido nos sirve para emprender y hacer negocios individuales solamente, o también para definir qué es lo que queremos como sociedad y un plan para lograrlo con inversiones públicas y privadas, orden y respeto a la ley.

Necesitamos liderazgo franco y constructivo, con autoridad moral para exhibir y exigir honorabilidad, pero también una sociedad civil organizada que no se conforme, que sancione socialmente con firmeza y recupere los valores que nos identifican. Hoy no es viable una actitud pasiva o cómplice frente a tanta evidencia.

PD. Entre valores culturales quiero felicitar a “Los Muchos” por 30 años de amistad, rescatando la tradición oral y musical que nos deleita y enorgullece. ¡Gracias!

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