Un himno a la vida. Mi historia, es la reconstrucción personal de Gisèle Pelicot y el testimonio por medio del cual busca entender cómo su esposo se convirtió en su agresor. Dominique Pelicot violó a su propia esposa y facilitó su violación por parte de 50 hombres, durante 10 años.
El caso «La affaire Mazan» generó un debate nacional sin precedentes y conmocionó a toda la sociedad francesa y al mundo cuando, en septiembre de 2020, inició la investigación policial que descubrió un archivo de vídeos y fotos en los que se veía a Gisèle inconsciente siendo violada por Dominique Pelicot, su esposo y por decenas de hombres. Dominique la drogaba, traía a otros hombres a que la violaran y la grababa.
El acusado utilizaba un medicamento para que durmiera profundamente, manteniéndola totalmente inconsciente durante los crímenes, mientras grababa las escenas de violación. Ella tenía 67 años cuando Pelicot, con quien llevaba casi 50 años casada, fue arrestado en 2020 por grabar por debajo de la falda a mujeres en un supermercado de Carpentras, un pequeño pueblo del sureste de Francia, cerca de la residencia de ancianos de la pareja, en el pueblo de Mazan.
El relato aborda su infancia, su matrimonio, los años de abuso, el proceso judicial, los cargos, las pruebas, los sujetos enjuiciados y la mirada que percibía que otros tenían de ella. También expone su situación familiar y cómo esos diez años de sumisión química y violencia sexual se entrelazaban con situaciones aparentemente inconexas, relacionadas con su pérdida de memoria y problemas ginecológicos, sin sospechar de lo ocurrido ni interconectar ambas afecciones.
A pesar de no tener recuerdos de los episodios, describe el impacto al descubrir los hechos y su decisión de hacer público el juicio para generar conciencia sobre la violencia hacia las mujeres. Frases como «la vergüenza debe cambiar de bando» ubican el foco en los victimarios y obliga a reflexionar sobre lo que significa «poseer a una mujer». A pesar de verse sumida en una pesadilla, Pelicot no expresa ni odio, ni cólera, y decidió conservar su apellido de casada para que sus nietos, que lo comparten, tuvieran motivos para sentirse orgullosos en lugar de avergonzados.
La violencia contra las mujeres es siempre un asunto urgente que incide en nuestras maneras de ver el mundo, en la forma de relacionarnos con los demás y con nosotras mismas. La violencia es estructural, pues proviene de prácticas arraigadas en las costumbres, las instituciones y en las relaciones donde existe algún grado de poder. Lo verdaderamente sorprendente y digno de admiración en la figura de Gisèle Pelicot no es solo su inmensa valentía al enfrentar el horror absoluto, sino su férrea negativa a ser definida por la atrocidad que vivió, optando en cambio por rescatar y defender el discurso del amor, la vida y la dignidad.











