Tras los acercamientos entre el líder de la revolución china Mao Zedong y el presidente de Nixon de Estados Unidos, a través de sus representantes Zhou Enlai y H. Kissinger, en 1979 se establecieron relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la República Popular China, en medio de la guerra fría y con el fin de hacerle contrapeso a la Unión Soviética. El viaje de Deng Xiaoping ese mismo año a EE.UU. marcó el inicio de la apertura china a las inversiones norteamericanas.
La Unión Soviética se disolvió y el mundo entró en la fase hegemónica de Estados Unidos. La reciente visita del presidente Trump a China, acompañado de grandes magnates, en búsqueda de negocios marca un nuevo hito. Las palabras de Trump son elocuentes: “Quería al número uno de cada imperio; Jensen Huang, Tim Cook, Elon Musk y los demás titanes… los mejores del mundo están aquí… para mostrarles respeto a ustedes y a China. Vienen hambrientos de hacer negocios, invertir y crear”.
El jefe de estado chino Xi Jinping señaló: “la transformación no vista en un siglo se está acelerando en todo el mundo y la situación internacional es fluida y turbulenta”, de acuerdo a lo anterior, planteó el principal reto de la situación mundial: “¿Pueden China y Estados Unidos superar la ‘trampa de Tucídides' y establecer un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?”
Se refiere a la figura utilizada para caracterizar la tendencia hacia la guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una dominante. Con su propuesta de “estabilidad estratégica constructiva” y “competencia dentro de sus límites” China le envía un mensaje no solo a EE. UU., sino al mundo sobre su rol en la situación mundial.
De las muchas lecciones que se pueden sacar del impresionante progreso chino de las últimas décadas, hay que destacar la determinación del pueblo chino de poner fin a lo que en su historia llaman “el siglo de la humillación”, un periodo durante el cual diferentes imperios hicieron de China una colonia dividida, pobre, atrasada y adicta al opio, situación que terminó en 1949 con el triunfo de la revolución.
Al menos desde el robo de Panamá, Colombia se ha ido transformando en una colonia de nuevo tipo donde los planes estratégicos son definidos de acuerdo al interés de los poderosos de la metrópoli y no de acuerdo al interés de los colombianos. Después de ver lo que sucedió en Venezuela ¿se puede negar la existencia del imperialismo norteamericano?
Colombia debe aprovechar las turbulencias del orden global para trazar una estrategia propia de desarrollo soberano con alianzas basadas en beneficios recíprocos y respeto mutuo. Hay que lamentar que ninguna candidatura presidencial en Colombia proponga terminar el “siglo de la humillación” que seguimos padeciendo, ¿hasta cuándo?...











