La clase política británica, principalmente los propios “tories”, están alarmados de que Johnson siga de jefe del Gobierno en funciones hasta que se elija un sucesor.

Publicado por: Agencia Efe
Tras meses de suplicio y unas últimas horas de agonía en directo, Boris Johnson cedió ayer a la presión de su partido y anunció su dimisión como primer ministro británico, aunque se mantendrá de manera interina hasta que los conservadores elijan un nuevo líder.
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Las últimas renuncias en el seno de su gabinete, conocidas a primera hora de ayer, fueron una tendencia imposible de levantar. Todavía la noche anterior Johnson defendía su intención de seguir pese a que medio centenar de cargos gubernamentales habían abandonado el barco.
Con un personaje tan imprevisible como el primer ministro, era imposible augurar si aún sería capaz de dar un último golpe de mano para mantenerse en el cargo.
Se agotaron los trucos y llegó la caída. Una renuncia, pese a todo, que ni siquiera contentó a muchos en sus propias filas y en la oposición, pues no saldrá de Downing Street hasta dentro de varios meses, cuando los “tories” hayan escogido a un nuevo líder que automáticamente asumirá las riendas del Gobierno.
A las 12.30 hora local (11.30 GMT), ante el clásico atril delante del número 10 de Downing Street desde el que los primeros ministros hacen sus grandes anuncios, Johnson compareció circunspecto pero sereno para dirigirse al país.

“Está claro ahora que la voluntad del Partido Conservador en el Parlamento es que debería haber un nuevo líder y por tanto un nuevo primer ministro”, dijo para comenzar su alocución.
Señaló que ha acordado con el líder del grupo de diputados conservadores sin cartera, Graham Brady, que el proceso para reemplazarlo debe comenzar de inmediato, con un calendario que será anunciado la semana que viene.
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Fiel a su estilo, subrayó que se marcha porque se vio obligado por su propio equipo de Gobierno, y no por la convicción personal de haber fracasado en su cometido.
“La razón por la que he luchado tan duro en los últimos días para continuar (...) no es sólo porque quisiera hacerlo, sino porque consideraba que era mi trabajo, mi deber, mi obligación hacia ustedes seguir haciendo lo que prometimos durante el año 2019”, cuando se celebraron las elecciones generales, añadió.
Y reconoció además que en los últimos días había tratado de convencer a varios de los miembros del Gobierno de que sería “extravagante” cambiar un mandato que “estaba consiguiendo tanto, que tenía semejante mandato (parlamentario) y que solo estaba unos puntos por detrás en las encuestas entregadas recientemente”.
Una renuncia en diferido
Ni siquiera el anuncio de que dejará su cargo sirvió para calmar las procelosas aguas en las que se mueve la política británica. Diputados conservadores y figuras del partido como el ex primer ministro John Major se manifestaron en público para reclamarle que saliera ayer mismo de Downing Street.
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El líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, amenazó con presentar una moción de censura en el Parlamento contra él si no deja el cargo de inmediato en manos de otra persona.
Incluso no faltó quien considera que la marcha diferida de Johnson no es más que una estrategia más para ganar tiempo y aferrarse al poder.
Su antiguo asesor Dominic Cummings, al que cesó en noviembre de 2020 por diferencias irreconciliables, ha pedido en Twitter que se le desahucie hoy mismo y advierte de que si se queda “de okupa” hará “una carnicería”.

“Típico de su carácter: culpa a todos los demás; cree que es la verdadera víctima y acuña una historia de traiciones para desplegar en futuros congresos conservadores y columnas en el (Daily) Telegraph”, afirmó.
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Algunas fuentes conjeturan que Boris Johnson quiere mantenerse unos meses más en el cargo para poder festejar como tenía previsto su boda con Carrie en Chequers, la residencia campestre fuera de Londres de los primeros ministros. Al parecer, las invitaciones ya están enviadas
Los analistas coinciden en los medios británicos que potencialmente se está fraguando una nueva batalla, de tintes constitucionales, sobre la posibilidad de que Johnson se muestre algo más que reticente a soltar las riendas.
















