Esta semana, Donald Trump tiene programados eventos de campaña en Wisconsin y Michigan, donde se espera que critique la postura de Biden respecto a la inmigración.

Publicado por: Karol S. González Granados
El video divulgado por Donald Trump está acompañado de una banda sonora propia de una película de terror, y muestra imágenes de presuntos migrantes ingresando a Estados Unidos desde naciones como Camerún, Afganistán y China. Se intercalan escenas de hombres tatuados y actos de violencia con primeros planos de personas saludando y envolviéndose en la bandera estadounidense.
“Vienen por millares”, dice Trump en el video, publicado en su plataforma de redes sociales. “Aseguraremos nuestras fronteras. Y restauraremos la soberanía”.
En sus discursos y publicaciones en línea, Trump ha intensificado sus mensajes contra los inmigrantes, a quienes retrata como peligrosos delincuentes que corrompen a Estados Unidos. Sus declaraciones suelen estar plagadas de falsedades sobre la inmigración, pero han resonado entre muchos de sus seguidores desde hace una década, cuando el grito de guerra “construyan el muro” resonaba en sus mítines.
El presidente Joe Biden y sus aliados ven esta situación como un problema político que el Congreso puede abordar y critican a los republicanos en Washington por retroceder en un acuerdo sobre seguridad fronteriza luego de las críticas de Trump.
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Sin embargo, hay un indicio que podría resultar preocupante para el líder demócrata: el mensaje de Trump parece haber calado entre miembros clave de la coalición que Biden necesita para ganar en noviembre.
Un aproximado de dos tercios de los ciudadanos estadounidenses ahora desaprueban la gestión de Biden en cuanto a seguridad fronteriza, lo que incluye alrededor del 40% de los demócratas, el 55% de los afroamericanos y el 73% de los hispanos adultos, según una encuesta realizada en marzo por Associated Press y el Centro NORC de Investigación de Asuntos Públicos.
Según una reciente encuesta del Centro de Investigación Pew, el 45% de los estadounidenses describieron la situación como una crisis, mientras que otro 32% la consideró un problema importante.
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Vetress Boyce, una activista de justicia racial con sede en Chicago, fue una de las personas que expresaron su frustración con las políticas migratorias de Biden y la estrategia de la ciudad para alojar a los migrantes recién llegados. Ella opina que los demócratas deberían centrarse en invertir en comunidades afroamericanas en lugar de centrarse en los recién llegados.
“Nos mandan gente que se muere de hambre, de la misma forma que los negros se mueren de hambre en este país. Nos mandan gente que quiere escapar de sus condiciones y viene aquí en busca de un estilo de vida mejor cuando los que están aquí sufren y llevan sufriendo más de 100 años”, dijo Boyce. “Esa mezcla es una receta para el desastre. Es un desastre esperando a ocurrir”.
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Gracie Martinez, de 52 años, es hispana y propietaria de un pequeño negocio en Eagle Pass, Texas, la localidad que visitó Trump en febrero cuando él y Biden viajaron al estado el mismo día. Martinez dijo que una vez votó al expresidente Barack Obama y sigue siendo demócrata, pero ahora apoya a Trump, principalmente por la frontera.
“Es horrible”, dijo. “Son toneladas y toneladas de personas y les dan atención médica y dinero, celulares”, dijo, quejándose de que las personas que pasaron por el sistema legal de inmigración reciben un trato peor.
Priscilla Hesles, de 55 años, una profesora que vive en Eagle Pass, dijo que la situación actual ha cambiado la localidad.
“No sabemos dónde se esconden. No sabemos dónde se han infiltrado y de dónde van a salir”, dijo Hesles, que señaló que antes caminaba por las tarde a una iglesia local, pero dejó de hacerlo tras sentirse conmocionada por un encuentro con un grupo de hombres que según dijo eran migrantes.
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Recientemente, la campaña de reelección del presidente lanzó una serie de anuncios con un presupuesto de 30 millones de dólares dirigidos específicamente al electorado latino en estados clave disputados. Entre estos anuncios se incluye uno tanto en español como en inglés que resalta las declaraciones previas de Trump, en las que describió a los inmigrantes mexicanos como “criminales” y “violadores”.
Por otro lado, la Casa Blanca ha estado considerando una serie de decretos que podrían endurecer significativamente las restricciones a la inmigración, lo que esencialmente implicaría eludir al Congreso después de que los legisladores no lograran aprobar un acuerdo bipartidista respaldado por Biden.
El expresidente describe las detenciones récord registradas recientemente en la frontera suroeste como una “invasión” orquestada por los demócratas para transformar Estados Unidos. Trump acusa a Biden de permitir que delincuentes y posibles terroristas entren en el país sin control.
Trump afirma que los migrantes —muchos de ellos mujeres y niños que huyen de la pobreza y la violencia— están “envenenando la sangre” de Estados Unidos con drogas y enfermedades y afirma que algunos migrantes “no son personas”. Expertos que estudian el extremismo han dado la voz de alarma sobre el empleo de lenguaje deshumanizante para describir a los migrantes.
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No existen pruebas que respalden las afirmaciones de Trump sobre gobiernos extranjeros vaciando sus cárceles o instituciones psiquiátricas. A pesar de que la cobertura mediática conservadora ha destacado varios casos sensacionales de delitos cometidos por personas sin autorización de residencia, las últimas estadísticas del FBI muestran una disminución general en el crimen violento en Estados Unidos el año pasado, siguiendo una tendencia a la baja tras el aumento durante la pandemia.
Además, los estudios indican que las personas que residen ilegalmente en el país tienen una probabilidad mucho menor que los ciudadanos estadounidenses de cometer delitos violentos, relacionados con drogas o contra la propiedad.
Una razón por la cual la migración se ha convertido en un tema tan debatido es que sus repercusiones se sienten incluso lejos de las zonas fronterizas.
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Los partidarios de Trump, particularmente el gobernador de Texas, Greg Abbott, han utilizado autobuses financiados por el estado para trasladar a más de 100.000 migrantes a ciudades con administraciones demócratas, como Nueva York, Denver y Chicago, donde los demócratas celebrarán su convención este verano. Estas llegadas han ejercido presión sobre los presupuestos municipales, obligando a los líderes locales a encontrar formas de proporcionar alojamiento de emergencia y atención médica a estos nuevos grupos de migrantes.
La cobertura de los medios locales, en muchos casos, también ha sido desfavorable. Los espectadores han presenciado cómo se culpaba a los migrantes por diversos incidentes, desde una serie de robos en Nueva Jersey asociados a pandillas, hasta tramas de robos en tiendas minoristas en los suburbios de Filadelfia, o casos de sarampión en áreas de Arizona e Illinois.
Para Rudy Menchaca, dueño de un bar en Eagle Pass y empleado de una empresa que importa cerveza Corona de México, los problemas en la frontera están perjudicando su negocio. Menchaca, de 27 años, representa el tipo de votante hispano al que Biden apunta en su campaña de reelección. Aunque afirma que nunca le ha gustado la retórica de Trump y cómo se refiere a los hispanos y mexicanos, también señala que está considerando votar por él.
“Necesito que esos soldados estén por aquí si tengo mi negocio”, dijo Menchaca sobre las fuerzas de Texas desplegadas en la frontera. “Los malos que llegan podrían allanar el local”.
















