El diseñador santandereano Julián Ruiz transformó su rebeldía en una carrera internacional. Su trabajo ha llegado al New York Fashion Week y a los escenarios de artistas como Carlos Vives y Jessi Uribe.

Publicado por: John Arias
El diseñador santandereano Julián Ruiz asegura que el mayor acto de disrupción es ser fiel a uno mismo. Paso de ser un niño rebelde, a vestir grandes estrellas colombianas.
Su historia comenzó a los 13 años, cuando pidió una máquina de coser porque nunca quiso estar uniformado, ni se sentía cómodo con las prendas que le compraban sus padres. No era un capricho. Era la forma que encontró para resolver una incomodidad que lo acompañaba desde niño. “Sin saber que eso después eso iba a convertir en moda, sin saber que eso era ser diseñador o buscar un estilo. A mí simplemente me gustaba ser distinto y no igual”, cuenta.
Con esa máquina comenzó a intervenir pantalones, chaquetas y camisetas. Las modificaba, las rompía, las reconstruía. Sin saberlo, estaba dando las primeras puntadas de una carrera que, junto a su marca Menswear, hoy lo ha llevado a vestir a figuras como Carlos Vives, Grupo Niche, Manuel Medrano, Pipe Bueno, Jessi Uribe y Yeison Jiménez.

Un camino sin academia, pero con mucha intuición
Ruiz nunca siguió el recorrido tradicional de un diseñador. Mientras muchos llegaban a las aulas universitarias, él decidió aprender trabajando. “Empecé a sacar mi marca, empecé a trabajar en talleres para luego darme cuenta que lo que a mí me gustaba de forma natural era el diseño de moda”.
Desde muy joven hizo cursos de modistería y alta costura en Bucaramanga, pasó por talleres y fábricas. Abandonó sus estudios en el colegio Técnico Damazo Zapata, uno de los más populares de la ciudad, y a los 18 años presentó su primera colección. “Empecé a trabajar mi propio estilo, hasta que logré contactar con un estilista y esto me fue llevando a otros… Aprendí muchísimo sobre y me iba muy bien. Me daba cuenta que lo que yo hacía era aplaudido y eso me obligó a ser real”.
Precisamente, el diseñador cuenta que es combinación entre creatividad y sentido comercial terminó convirtiéndose en una de las fortalezas de su marca. “Eso me parece muy interesante. Me he dado cuenta a través de los años que a veces en las universidades el enfoque no es tan comercial. Yo necesitaba ser comercial, real. Siempre he tenido en cuenta ese aspecto comercial, siempre he vendido todo lo que he hecho”.
En 2012, por razones familiares, llegó a Bogotá. Allí comenzó un proceso que, según él, ocurrió de forma completamente orgánica: una recomendación llevó a otra hasta entrar al mundo de la televisión y la música. “Este proceso ha sido muy visceral, ha sido sumamente honesto, muy de seguir mis pasiones y de seguir mis impulsos”.
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Los primeros artistas llegaron gracias a contactos con Caracol Televisión. Después aparecieron Jessi Uribe y, con el paso de los años, una larga lista de músicos que encontraron en él algo más que un diseñador.

Vestir la música
Para Julián Ruiz, diseñar no consiste en imponer una estética. Su trabajo, dice, es traducir la identidad de cada artista al lenguaje de la ropa. “Mi trabajo ha consistido en materializar la música, que es un intangible, en prenda. Cada uno de los artistas es muy diferente, así que la idea es que no sea mi estilo, sino materializar el de ellos en vestuario, para lograr su identidad”.
Esa filosofía lo llevó a construir una relación creativa con celebridades como Carlos Vives desde 2018, cuando participó en la construcción del universo visual del álbum Cumbiana. También acompañó durante años a Yeison Jiménez y ha diseñado para agrupaciones como Grupo Niche, una de las mayores de la historia de la salsa colombiana.
Para Ruiz, también se trata de una enorme responsabilidad, porque ellos representan la cultura colombiana ante el mundo. “Honro mucho la confianza que me han otorgado grandes leyendas, como por ejemplo el grupo Niche, que no solo llevan la salsa colombiana a plataformas globales, sino moda hecha por diseñadores colombianos y materiales colombianos”, resalta.
Uno de los momentos más importantes de su carrera fue participar en el New York Fashion Week en 2022. Más que una vitrina internacional, afirma, fue una confirmación de que el diseño colombiano puede dialogar de tú a tú con las grandes capitales de la moda.
Su marca ya ha tenido presencia comercial en ciudades como Nueva York, Miami y Barcelona, y el siguiente objetivo es continuar su expansión hacia Europa.
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La calle convertida en alta costura
Julián Ruiz regresa a su tierra para presentar Transwear, la colección que llevará el próximo 12 de agosto a la inauguración del Santander Fashion Week. La propuesta mezcla grafitis, fotografías urbanas, jeans, smoking, pedrería, prendas que desafían las reglas convencionales del vestir.
Julián toma aquello que normalmente se considera callejero y lo transforma en una pieza de lujo. Siguiendo su estilo, en esta ocasión su desfile será en la estación Provenza de Metrolínea. “No hay nada más antropológico que ponernos lo que tenemos a nuestro alrededor, que cubrirnos con lo que tenemos a nuestro alrededor. ¿Qué es más honesto que ponernos la calle? entonces vamos a ponernos la calle encima”.
En este Sentido, detalla que el propósito es tomar la sastrería, símbolo de formalidad, respeto y la tradición, para distorsionarla un poco con prendas como jeans rotos o procesados que crean un aspecto roquero. Asegura que la intensión es mostrar cómo la ropa es una herramienta para cambiar, transformar y transferir. “Es esa búsqueda de futuro a través del vestuario, y dejar de seguir tradiciones. Yo no he seguido tradiciones, pero es un proyecto honesto, genuino y constante”.
Por ejemplo, en la colección aparecerán drapeados tradicionalmente asociados al vestuario femenino trasladados a lo masculino. “Es una yuxtaposición, como una cosa que no tiene nada que ver con la otra, dos mundos diferentes. Vamos a ponernos en la conversación, me parece una propuesta a la vanguardia, la verdad”, describe Ruiz.
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Sus pasarelas son una narrativa sobre la disrupción, una invitación a irrumpir la estética. “No nos interesa reproducir lo que ya está disponible en este momento en cualquier almacén o en cualquier otro sitio. La academia es una ausencia que yo decidí, pero me libera también de estándares. Me siento muy libre y sin censura.
Por esta razón, Ruiz subraya que su interés es investigar, transformar y proponer. “Se inspira en ese niño insatisfecho que no le gustaba ser igual, ahora más grande. Para que comprar ropa igual si podemos crearla o intervenirla. Vamos a transformar, eso es Transwear”.
A sus 37 años, el diseñador santandereano atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. No es casualidad que su próxima pasarela, de la mano de Textil Proquinal y la marca de calzado santandereana Alicia Wonderland de Sergio Serrano, esté compuesta por 37 salidas, una por cada año de vida. “Como toda la colección es autobiográfica, decidí presentar 37 salidas. Tengo 37 modelos y 37 looks”.

Moda para espíritus libres
Ruiz asegura que nunca ha pensado en diseñar para un rango de edad o un nivel socioeconómico. Su cliente ideal, dice, es un estado de ánimo. “Yo no diseño para consumidores. Diseño para espíritus libres, para quienes quieren liberarse de la tradición. Para quienes no les interesa continuar con algo que no les representa”.
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Por eso insiste en que la verdadera innovación no está en una prenda extravagante, sino en la sensatez. “A mí no me representa digamos las camisas ajustadas hasta arriba o las corbatas, me incomodan. Por eso busco otras cosas. En esa búsqueda hay libertad, rebelión. Entonces, la honestidad es la verdadera disrupción. La invitación es que seas honesto contigo mismo”.
“Justamente, creo en la libertad de las ideas. No estoy interesado en continuar la tradición. En eso quiero hacer hincapié. Estoy interesado en liberarnos de ella. Y hablo del vestuario”, agrega.
Escuchar al niño que nunca quiso ser igual
Cuando mira hacia atrás, Julián Ruiz no piensa en las pasarelas internacionales ni en las celebridades que hoy usan sus diseños. Piensa en aquel adolescente del barrio que pidió una máquina de coser porque no quería vestir igual que todos.
Ese, asegura, sigue siendo el motor de todo. “Mi mayor orgullo es haber respondido a mi vocación temprano, a ese llamado del artista interior, esa insistencia. Me siento realizado”.
Y es que haber sido coherente con ese llamado le ha permitido construir una marca que ha traspasado fronteras, sin olvidar que parte de este éxito también lo comparte junto las demás manos que lo acompañan en su equipo de diseñadores, al igual que los artistas que le permiten vestirlos. “Estoy totalmente orgulloso de haber escuchado y de haberle dicho ”sí” a ese niño insatisfecho. Ahora vestimos a las grandes leyendas. Yo estoy orgulloso de eso”.















