El bumangués Andrés Mauricio Rodríguez y su familia vivieron de primera mano el devastador tornado que azotó a Lincoln, capital del estado de Nebraska, el pasado fin de semana. Este es su testimonio de la aterradora experiencia.

El pasado viernes, 26 de abril, el bumangués Andrés Mauricio Rodríguez Castro vivió una de las experiencias más aterradoras de su vida: ver un tornado de cerca. Fue uno de los 17 tornados que causaron considerables destrozos, e incluso dejaron al menos cuatro muertos, decenas de heridos a lo largo de Nebraska, Iowa, Oklahoma y Texas, en Estados Unidos.
Recuerda que estaba trabajando como conductor de una aplicación móvil sobre la 1:00 de la tarde cuando lo tomó por sorpresa el tornado en Lincoln, la capital del estado de Nebraska, con alrededor de 290.000 habitantes, y donde vive desde diciembre pasado.
Empezaron a sonar la sirenas y el cielo se oscureció en cuestión de segundos. Una escena, según él, la clásica imagen de las películas. Una especie de embudo de color blanco grisáceo formándose debajo de la nube de tormenta.
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“La gente empezó a detener los carros, se metían en lugares de concreto o debajo de los puentes”, relata. La idea, agrega, era buscar refugio lo más rápido posible, porque la nube negra del tornado era terrible y amenazadora.
Lo que más le asustó, además de la nube a la que le salían unas especies de “brazos que trataban de tocar el piso”, fue el sonido estremecedor que emitía ese ‘torbellino’ negro que barría el cielo, y lo describe como un “silbido” que destruía todo a su paso.
Vio líneas de energía y semáforos caídos, cables y palos volando, tractomulas volcadas en la mitad de la Interestatal 80, entre Lincoln y Omaha, esta última una de las ciudades más golpeadas por el poderoso tornado.
Incredible tornado intercept just now north of Lincoln Nebraska!! @ryanhallyall @SevereStudios pic.twitter.com/j8GAtPVObc
— Nick Gorman (@NickGormanWX) April 26, 2024
Frenética carrera contra el tiempo
Este bumangués de 33 años tuvo que conducir en auto cerca de 20 minutos para recoger del trabajo a su esposa Claudia Carrillo, después de haber dejado a su hijo de 10 años resguardado en la casa.
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Fueron momentos angustiantes, confiesa: “Con mi esposa miramos por el parabrisas el embudo del tornado y que se desplazaba muy rápido... era impresionante y lanzaba todo por el aire”.
Cuando por fin llegaron a su hogar, todos estaban muy asustados. “Uno no sabe qué puede pasar o qué hacer; nunca habíamos vivido algo así, duramos más de dos horas pegados al celular para estar pendientes de la trayectoria del tornado”. Además llenaron la bañera y el lavaplatos con agua en caso de que se quedaran sin agua potable.
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Al cabo de alrededor de dos horas, la calma volvió, pero llegaron las copiosas lluvias y los fuertes vientos. Aunque la terrible experiencia duró sólo un par de horas, se sintió una eternidad para esta familia bumanguesa.
Cuando salió nuevamente a trabajar con su vehículo, encontró con una escena digna de una ‘zona de guerra’: escombros por doquier, carros de bomberos y ambulancias sepultados bajo escombros o incrustados dentro de las viviendas; gente pidiendo ayuda, perros rastreando sobrevivientes y el sonido constante de las sirenas de los equipos de emergencia.

Luego, le empezaron a llegar muchos mensajes de texto a su celular sobre el clima, y advertencias para evitar salir de la casa, o resguardarse, tanto en idioma inglés como en español.
Este bumangués vive a 40 minutos de Omaha, ciudad de unos 485.000 habitantes, donde el tornado causó mayores estragos, destruyendo casas, negocios y cultivos.
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Andrés Mauricio Rodríguez Castro vive en uno de los cuatro estados en EE.UU. del llamado ‘Callejón de los Tornados’ (Texas, Oklahoma, Kansas y Nebraska), donde ocurren un promedio de 1.200 fenómenos naturales de este tipo al año.
¿Por qué? Las características meteorológicas producidas por el choque de aire seco y frío del norte, aire seco y caliente del suroeste y humedad del Golfo de México hacen que este fenómeno se produzca con mayor intensidad y frecuencia entre las cordilleras Rocosas y Apalaches y las grandes llanuras de Estados Unidos. Es decir, en estos cuatro estados.
Tras la experiencia vivida, este migrante bumangués ya se ha hecho a la idea de que no será la primera ni la última vez que experimentará este aterrador fenómeno de la naturaleza. Por ello ya empezó a recolectar agua, comida enlatada, pilas y mantenerse al día sobre las alertas climatológicas. No obstante, admite que hay una angustia permanente de no saber qué dirección tomará un tornado y cómo mantenerse a salvo si llega a quedar atrapado a su paso.
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Extreme up-close video of the destructive Elkhorn, Nebraska wedge #tornado on April 26 pic.twitter.com/Pe5i1nrvqx
— Reed Timmer, PhD (@ReedTimmerUSA) April 29, 2024

















