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Lunes 27 de mayo de 2024 - 09:24 AM

Video| Bacha Bazi: la prostitución de niños afganos disfrazada de costumbre

Esta práctica plantea la reunión de un grupo de menores para hacer bailes sugestivos.

Bacha Bazi significa “jugar con niños” en dari, una de las dos lenguas oficiales de Afganistán.  Tomada de internet / VANGUARDIA
Bacha Bazi significa “jugar con niños” en dari, una de las dos lenguas oficiales de Afganistán. Tomada de internet / VANGUARDIA

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Publicado por: Karol S. González Granados

Hace unas horas se ha vuelto viral en las diferentes redes sociales un video protagonizados por niños bailando de manera incinuante y sexualizada, donde algunos de estos se ven maquillados como mujer y haciendo un tipo de “twerking” en diferentes fiestas donde participan hombres adultos que aplauden los movimientos y sexualizan a los menores.

Esta tradicional costumbre es conocida como el Bacha Bazi.

El Bacha Bazi es una práctica que ha formado parte de la tradición afgana durante siglos. Sin embargo, con el tiempo y debido a la pobreza e innumerables tragedias que han penetrado en la sociedad de la región, esta tradición se ha distorsionado en tal grado que actualmente viola de forma directa los derechos infantiles y humanos.

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Esta práctica se volvió desmedida una vez que las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos invadieron Afganistán. La subcultura distorsionada de la pedofilia afgana representa hoy en día una de las violaciones de derechos humanos más espantosas del mundo.

Esta práctica pederasta en la que el niño es considerado un juguete que se usa para obtener placer y distraerse es, según los expertos, una de las violaciones más crueles de los derechos humanos en este país, y una fuente de conflicto y de inseguridad.

“Las mujeres existen para educar a los niños, los muchachos para dar placer”, suele decirse en varias regiones afganas.

La práctica, que fue prohibida por los talibanes cuando estuvieron en el poder en Afganistán entre 1996 y 2001, ha vuelto a surgir en los últimos años y es común en zonas rurales del sur y del este del país, así como en las regiones tayikas del norte.

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Jefes de guerra, comandantes, policías, políticos… cualquier persona rica o influyente podría caer en la tentación y querer tener en casa a un «bacha«, símbolo de su autoridad e influencia.

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Vestidos de mujeres, maquillados y con el cabello a veces teñido, estos chicos de entre 10 a 18 años son usados como bailarines y juguetes sexuales durante veladas entre hombres.

Sorprendentemente, esta práctica es ampliamente aceptada en un país que por otro lado condena la homosexualidad como una perversión prohibida por el Islam.

"Bacha bazi" significa "jugar con niños" en dari, una de las dos lenguas oficiales de Afganistán. Tomada de internet / VANGUARDIA
"Bacha bazi" significa "jugar con niños" en dari, una de las dos lenguas oficiales de Afganistán. Tomada de internet / VANGUARDIA

¿Por qué se desarrolló esta costumbre?

La segregación de género dentro de la sociedad afgana y la falta de contacto con las mujeres contribuyeron al desarrollo del “bacha bazi”, estiman las asociaciones de defensa de los derechos humanos.

Pero también prosperó a falta de un estado de derecho y de acceso a la justicia, así como debido a la corrupción, el analfabetismo, la pobreza, la inseguridad y a presencia de grupos armados.

La ley afgana castiga la violación y la homosexualidad pero no contiene ninguna disposición precisa sobre el “bacha bazi”, por lo que hay un «vacío y una ambigüedad» del sistema sobre el tema.

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“Varios adeptos del ‘bacha bazi’ tienen contactos dentro de los órganos de seguridad y con sus influencias y sobornos evitan ser sancionados”, afirmó la Comisión para medios internacionales.

¿Quiénes son los menores?

Los ‘bacha bazi’ o ‘boy play’, como se denominan en inglés, son menores víctimas de abusos sexuales por parte de hombres adultos afganos o militares.

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Aunque afecta, concretamente, a los niños que proceden de familias con escasos o nulos recursos para vivir. Se trata de un sistema de prostitución de menores que no es para nada desconocido en el país.

Tal y como explican desde la red de organizaciones no gubernamentales que velan por el cuidado de los niños en los conflictos armados, War Child International, los adultos adinerados o con poder se aprovechan de aquellos menores que, obligados por su familia o situación precaria, se ven forzados a salir a la calle en busca de comida o dinero.

Los “bachas” son secuestrados o a veces vendidos por sus familias pobres. En un informe de la AIHRC, esta denuncia que “las víctimas, que son violadas regularmente, sufren graves traumas psicológicos”.

No obstante, muchos de los adolescentes que sufrieron esta práctica la perpetúan a su vez cuando son adultos, manteniendo el ciclo de violencia.

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Los talibanes usan el «bacha bazi» para perpetrar ataques. Es por ello que envían a estos niños y jóvenes esclavos sexuales para infiltrar puestos enemigos, con el objetivo de atacarlos, mandándolos a la muerte.

Así es como algunos se valen de su vulnerabilidad para ofrecerles dinero a cambio de que los chicos bailen para ellos. Esta proposición que, en cierto modo, podría parecer inocente, esconde en realidad una práctica de esclavitud sexual y violaciones continuadas.

Los ‘boy play’ que acceden a estos servicios suelen acudir a eventos sociales especiales como las bodas, donde bailan ante un círculo de hombres vestidos y maquillados como mujeres. Después de los bailes, muchos de menores son forzados a hacer algún tipo de práctica sexual a sus ‘dueños’.

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Muchos de estos menores prostituidos pasan el día y la noche junto a estos compradores, por lo que no pueden ni asistir a la escuela, tal y como denuncia el informe de Save The Childern, ‘Afraid to go outside. The impact of conflict on childern in Afganistán’.

Aunque el verdadero peligro de estas prácticas de sobra conocidas y legitimadas es que los captores de menores no son criminalizados, muchos casos ni siquiera llegan a ser denunciados o procesados por el temor de los pequeños y, por tanto, los responsables nadan en la más completa impunidad.

“Sin el apoyo del sistema legal, los casos notificados de ‘bacha bazi’ no fueron tomados en serio o llevados a juicio; la práctica en sí no estaba tipificada como delito. Este sistema inactivo dejar ir a los perpetradores impunes y les permitió continuar ciclos de abuso”, denuncia un informe publicado en 2019.

Vestidos de mujeres, maquillados y con el cabello a veces teñido, estos chicos de entre 10 a 18 años son usados como bailarines y juguetes sexuales durante veladas entre hombres. Tomada de X / VANGUARDIA
Vestidos de mujeres, maquillados y con el cabello a veces teñido, estos chicos de entre 10 a 18 años son usados como bailarines y juguetes sexuales durante veladas entre hombres. Tomada de X / VANGUARDIA

Costumbre prohibida que se práctica a puerta cerrada

Los Bacha Bazi no son un problema reconocido a ojos de trabajadores sociales, policías o de las instituciones, lo que lo convierte en un delito casi imposible de perseguir. Por ello, desde las asociaciones en defensa de la seguridad de los menores reivindican la “desesperada” necesidad de proteger los derechos de los niños afganos.

Pero la ceguera del sistema es intencionada, ya que, según una investigación llevada a cabo por Afghanistan Independent Human Rights Commission (AIHRC) en 2014, los explotadores sobornaban a fiscales o jueces para silenciarlos.

Es por ello que los Bacha Bazi se han convertido en una práctica ligada a la cultura de Afganistán. No fue hasta el año 2017 cuando el nuevo Código Penal del país puso fin a la legitimización de estas prácticas, o casi.

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Concretamente, los artículos 579 a 586 del capítulo cinco de esta norma protegen a los niños del abuso sexual y penaliza muchas prácticas de violencia contra los niños, incluidos aquellos que son usados como mero entretenimiento de adultos y por las Fuerzas de Seguridad Nacional de Afganistán (ANSF).

El motivo por el que impusieron esta nueva ley lo explicó Meena Poudel, del proyecto de lucha contra la trata en la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a Europa Press:

Los jóvenes secuestrados por los milicianos solían sufrir abusos sexuales antes de que los emplearan como terroristas suicidas”. Pese a las prohibiciones, tan solo un año más tarde de que se decretara esta norma se observó un aumento en el número de casos de explotaciones sexuales a menores”, según informó Wali Mohammad Kandiwal, especializado en el impacto de la nueva ley cuyo estudio fue publicado por la Unidad de Investigación y Evaluación de Afganistán.

Con resumen de agencias.

Publicado por: Karol S. González Granados

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