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Martes 04 de noviembre de 2025 - 11:23 AM

Cumbre de las Américas fue aplazada hasta el 2026

Surgen divisiones políticas en américa latina por la controversia de no invitar a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, durante una alocución en el Palacio Nacional, en Santo Domingo (República Dominicana). EFE/Orlando Barría
El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, durante una alocución en el Palacio Nacional, en Santo Domingo (República Dominicana). EFE/Orlando Barría

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El Gobierno de la República Dominicana en cabeza de su presidente Luis Abinader anunció el aplazamiento de la décima Cumbre de las Américas hasta 2026. El evento, que debía celebrarse esta misma semana en Punta Cana, queda en suspenso oficialmente debido a una combinación de profundas divergencias que dificultan el diálogo en la región y el impacto de los recientes eventos climáticos en el Caribe, como el huracán ‘Melissa’.

La decisión, comunicada este lunes por el Ministerio de Exteriores dominicano, marca un punto de inflexión y subraya las grietas ideológicas y diplomáticas que atraviesan el continente. Aunque la Cancillería asegura que la medida ha sido consensuada con socios claves como Estados Unidos y consultada con la OEA, la realidad es que el encuentro ya se vislumbraba como un fracaso antes de su inicio.

Las exclusiones políticas previas y el consecuente boicot de líderes como los de México y Colombia habían erosionado severamente la legitimidad y el alcance de la cumbre.

Las Razones Oficiales: Entre la grieta política y la furia de la naturaleza

El comunicado del Ministerio de Exteriores dominicano es claro al señalar que las “profundas divergencias” que minan la capacidad de un “diálogo productivo en las Américas” no eran previsibles en 2022, cuando República Dominicana asumió la responsabilidad de ser sede. Este reconocimiento oficial de la falta de consenso político es, para muchos analistas, la razón de mayor peso.

A esto se suma la “situación climática” y el “impacto causado por los recientes eventos climáticos”, con especial mención al huracán ‘Melissa’, que ha afectado gravemente a varios países del Caribe. Esta combinación de factores —la crisis política y la emergencia ambiental— proporciona una justificación dual, diplomáticamente sólida, para postergar el evento.

Un hombre se moviliza en bicicleta frente a un vehículo volteado por las lluvias del huracán Melissa, en Montego Bay (Jamaica). Atrapados durante días en los hoteles por el huracán Melissa, los turistas empiezan a abandonar el área de Montego Bay con la reapertura del aeropuerto para vuelos comerciales, dejando atrás una semana de temores y carencias. EFE/ Orlando Barría
Un hombre se moviliza en bicicleta frente a un vehículo volteado por las lluvias del huracán Melissa, en Montego Bay (Jamaica). Atrapados durante días en los hoteles por el huracán Melissa, los turistas empiezan a abandonar el área de Montego Bay con la reapertura del aeropuerto para vuelos comerciales, dejando atrás una semana de temores y carencias. EFE/ Orlando Barría

La cita de Punta Cana estaba programada para el 4 y 5 de diciembre. El aplazamiento a 2026, sin precisar una nueva fecha exacta, concede un amplio margen para intentar restablecer los canales de diálogo o, al menos, esperar la posible emergencia de nuevos contextos políticos y gobiernos que faciliten un encuentro más inclusivo y resolutivo.

Boicots y tensión diplomática en la región

A pesar de la insinuación de los desastres naturales, el telón de fondo de este aplazamiento es, innegablemente, la controversia generada por las exclusiones. El pasado 30 de septiembre, las autoridades dominicanas confirmaron que Cuba, Nicaragua y Venezuela no habían sido invitadas a la Cumbre. Esta decisión replicaba la línea dura adoptada por Estados Unidos en la novena Cumbre de Los Ángeles en 2022 y tenía como objetivo declarado “favorecer la mayor convocatoria y asegurar el desarrollo del foro”. Sin embargo, el resultado fue diametralmente opuesto.

La medida generó una ola de críticas inmediatas y un consecuente boicot de líderes regionales. El presidente Gustavo Petro, fue uno de los primeros en anunciar su ausencia a través de redes sociales, argumentando que “el diálogo no comienza con exclusiones”. Días después, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también confirmó que no asistiría a la cita, sumándose a la crítica sobre la selectividad en las invitaciones.

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Este creciente número de ausencias de alto nivel no solo restaba representatividad a la Cumbre, sino que la convertía en un espacio polarizado y de eficacia limitada. Es plausible que la falta de participación de estas naciones, consideradas “clave” en el espectro político latinoamericano, haya sido el factor determinante que empujó a República Dominicana a consensuar el aplazamiento, sin embargo la Cancillería, de hecho, indicó que la posposición “conlleva nuevas consultas sobre la fecha de la Cumbre y ampliar el diálogo para incluir a los nuevos gobiernos democráticamente electos que surjan”.

Un Consenso con “Socios Clave”: El Rol de Estados Unidos y la OEA

República Dominicana ha hecho hincapié en que el aplazamiento fue una decisión “consensuada con nuestros socios más cercanos”, mencionando explícitamente a Estados Unidos, el “impulsor original de este foro”, y a otros “países claves”.

Esta afirmación no tardó en ser respaldada por Washington. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se pronunció a favor de la decisión, trasladando el agradecimiento del Gobierno de Donald Trump a la administración de Luis Abinader por su “amistad y disposición”. Rubio reafirmó que su país “apoya plenamente la decisión de posponer la cumbre” y confió en que el encuentro de 2026 sea “productivo” y enfocado en el “fortalecimiento de las alianzas y reforzar la seguridad de nuestros ciudadanos”.

De igual modo, la decisión fue consultada con la Organización de los Estados Americanos (OEA) y otras instituciones implicadas en la organización. Este proceso de consulta subraya la dimensión multilateral de la crisis y la necesidad de una salida acordada para evitar una percepción de colapso unilateral del evento.

Inversión y compromiso: República Dominicana ratifica su esfuerzo a pesar del aplazamiento

A pesar del revés, el Gobierno dominicano se ha apresurado a destacar su cumplimiento “cabal con todos los requerimientos” adquiridos desde hace tres años, cuando se aprobó la sede de Punta Cana. Han asegurado que han trabajado “arduamente” para garantizar el éxito del evento.

Una preocupación económica clave es la inversión. La Cancillería ha ofrecido tranquilidad, asegurando que “todos los recursos invertidos hasta la fecha servirán para el año próximo,” incluyendo las reuniones hemisféricas programadas. Este punto es crucial para mitigar el impacto financiero y logístico de la suspensión. El Ministerio de Exteriores también ha expresado su agradecimiento a “países hermanos, organismos internacionales, representantes del sector privado, de la juventud, de la sociedad civil y las instituciones del Gobierno dominicano” por su compromiso y apoyo.

Reacciones y desafío multilateral para el 2026

La noticia ha generado reacciones variadas en la región. El Gobierno de Ecuador fue uno de los primeros en manifestar su apoyo a la decisión, reafirmando su “voluntad de continuar trabajando con el Estado anfitrión” para el “éxito” del nuevo encuentro en 2026.

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El aplazamiento de la X Cumbre de las Américas es un reflejo de las complejas dinámicas geopolíticas actuales, donde el multilateralismo se enfrenta a profundas divisiones ideológicas. La República Dominicana, al tiempo que reafirma su “apuesta por el multilateralismo, la política de buena vecindad y las alianzas para impulsar la integración regional”, se enfrenta al desafío de acoger un evento unificador en un contexto de creciente polarización.

La cita de 2026 no solo tendrá que lidiar con los retos que la forzaron a posponerse —las exclusiones y las divergencias— sino también con el reto de ser un foro verdaderamente representativo y productivo para un hemisferio que demanda más que solo declaraciones. La tarea de construir un diálogo inclusivo y efectivo queda ahora aplazada, con la esperanza de que el tiempo mitigue las actuales “profundas divergencias”.

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