Autoridades analizan llamadas, mensajes y antecedentes mientras crece el reclamo por justicia. La familia exige resultados y avances claros.
Publicado por: Redacción Vanguardia
El asesinato del payaso conocido como Tuki Tuki continúa generando preguntas entre las autoridades peruanas y mantiene la atención de la opinión pública en varios países de la región. El caso, que sigue en investigación, expuso una modalidad de engaño que terminó en un ataque armado y dejó al descubierto posibles antecedentes de amenazas contra el artista.
En las horas posteriores al crimen, un detalle llamó la atención de los investigadores y de sus seguidores en redes sociales. Se trata de la última publicación que realizó el animador antes de salir de su casa para cumplir con lo que creía sería un compromiso laboral. La imagen, difundida en Instagram, no contenía alertas ni referencias a riesgos, pero hoy es considerada una de las últimas señales de su actividad cotidiana.
Investigación apunta a extorsión y amenazas previas
El hecho ocurrió el jueves 11 de diciembre. Gallegos Rodríguez recibió varios impactos de bala y murió en el sitio. Dos de sus acompañantes resultaron heridos y fueron trasladados a un centro asistencial. Personal de emergencia llegó poco después, pero el artista ya no presentaba signos vitales.
Las autoridades peruanas manejan como una de las principales hipótesis un caso de extorsión. Familiares del payaso aseguraron que desde hace cerca de dos años él venía recibiendo amenazas. Cuatro meses antes del crimen, presuntos delincuentes le habrían exigido el pago de una suma elevada de dinero a cambio de no atentar contra su vida.
Según estos testimonios, las intimidaciones incluyeron llamadas, mensajes y advertencias directas. Incluso se investiga un episodio previo en el que el artista habría sido víctima de otro ataque, del cual logró sobrevivir.
Una contratación irregular que encendió las alertas
Roger Gallegos Rodríguez, nombre real del artista, se había consolidado desde 2017 como uno de los payasos más reconocidos en Lima. Usted podía encontrarlo en fiestas infantiles, eventos familiares y celebraciones privadas, especialmente en temporadas de alta demanda como diciembre. Su agenda solía estar llena y, según su entorno, era común que aceptara contrataciones de última hora.
De acuerdo con la versión entregada por sus familiares, una mujer se comunicó con él para contratarlo y le envió la ubicación de una supuesta fiesta en el sector de Huaycán, en el distrito de Ate. Al llegar al lugar, Gallegos y su equipo notaron que no había señales del evento. La persona que había hecho la solicitud dejó de contestar llamadas y mensajes, situación que generó confusión, pero no una alerta inmediata.
Minutos después, dos hombres que se movilizaban en motocicleta se acercaron y abrieron fuego contra el grupo. El ataque fue directo y se ejecutó en pocos segundos.
Hasta el momento no se reportan capturas. La familia pidió celeridad en las investigaciones y solicitó que se rastree el número desde el cual se hizo la supuesta contratación. Mientras tanto, colegas y ciudadanos esperan resultados que permitan esclarecer un crimen que volvió a poner sobre la mesa el riesgo que enfrentan trabajadores del entretenimiento frente a estructuras criminales dedicadas a la extorsión.
















