Especialistas plantean que captar el agua de lluvia podría aliviar la presión sobre los acuíferos y transformar uno de los principales problemas de la región en una oportunidad.
Cada año, cuando llegan las lluvias al Valle de México, la región vive una contradicción que parece sacada de un mal chiste, pero que millones de familias sufren en carne propia.
Las calles se inundan, el tránsito colapsa y las noticias muestran autos varados entre ríos improvisados. Sin embargo, a pocas cuadras de esas mismas escenas, hay hogares que abren la llave y no sale nada. Además: Asesinan en México a estudiante española de intercambio tras ser atacada con un arma blanca
Una ciudad que expulsa lo que más necesita
Esa es la paradoja que atraviesa la capital mexicana y su zona metropolitana, según explicó Delfín Montañana, director de Educación Socioambiental de la organización Isla Urbana, dedicada a instalar sistemas de captación de agua de lluvia.
Para Montañana, la región construyó un sistema que gira en torno a la escasez en un lugar de completa abundancia, una frase que resume el corazón del problema.
La explicación, dijo, no tiene que ver con falta de lluvia. Según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la precipitación anual en la zona supera los 700 milímetros, una cifra considerable.
El problema está en la infraestructura, diseñada bajo un modelo lineal que conduce toda esa agua directamente al drenaje en lugar de aprovecharla. Siga informado: Video: Tren arrolló un taxi en México y lo arrastró varios metros, conductor sobrevivió al fuerte impacto
Este lunes se prevé ambiente cálido, cielo medio nublado a nublado, #lluvias fuertes puntuales, chubascos, actividad #eléctrica y posible caída de #granizo.
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Javier Herrero, director de Sistema B México, coincide con Montañana en que detrás de esta contradicción existe una visión que no logra garantizar el derecho humano al agua para toda la población.
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La capital y su área metropolitana dependen en buena parte de fuentes externas, como el Sistema Cutzamala, que históricamente aporta cerca de una cuarta parte del consumo total del Valle de México, mientras los acuíferos locales enfrentan una presión cada vez mayor.
A esto se suma otro dato que resulta difícil de digerir. Montañana señaló que aproximadamente el 40 % del agua se pierde por infraestructuras en mal estado, justo mientras miles de familias, sobre todo las más vulnerables, terminan comprando agua a través de pipas para sobrevivir el día a día.
Frente a este panorama, las autoridades han optado por invertir en dos frentes casi opuestos al mismo tiempo: llevar más agua a la población y, a la vez, sacar de la ciudad la que dejan las lluvias. Además: México envía aviones con ayuda humanitaria a Pereira tras el terremoto en Colombia
En julio pasado, Conagua anunció proyectos por más de 23.300 millones de pesos, unos 1.373 millones de dólares, destinados a mejorar el abastecimiento y reducir inundaciones en diez municipios del oriente del Estado de México.
Entre 2025 y 2026 se tienen programadas más de 200 obras contra anegamientos, además de nuevas infraestructuras que ya elevaron en 16.000 litros por segundo la capacidad para desalojar agua, principalmente pluvial.
La lluvia vista como parte de la solución
Ante este escenario, especialistas insisten en que la captación de agua de lluvia podría convertir buena parte del problema en una alternativa real de abastecimiento.
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Montañana explicó que estos sistemas pueden ofrecer a algunos hogares hasta ocho meses de autonomía hídrica, lo que además permitiría que los pozos sobreexplotados descansen durante la temporada de precipitaciones.
Sobre el temor a un eventual día cero, un escenario en el que la capital mexicana y sus alrededores se queden por completo sin agua, los expertos fueron claros: se trata de una posibilidad científicamente viable, pero evitable si se toman decisiones a tiempo. Además: El rey Felipe VI sostendrá un encuentro con Claudia Sheinbaum el 25 de junio durante visita oficial a México
Desde el sector privado, Herrero añadió que la variabilidad climática también obliga a las empresas a medir con más cuidado su consumo, pues la disponibilidad de agua se ha convertido en un riesgo directo para sus operaciones. Según explicó, las grandes compañías ya ven la sustentabilidad sobre todo como un tema de gestión de riesgos.
Ambos especialistas coincidieron en que superar la fragmentación política entre Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo es indispensable para avanzar hacia una gobernanza conjunta de la cuenca.
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La apuesta, agregaron, pasa por transformar la capital en una verdadera ciudad esponja, con más superficies capaces de absorber y retener el agua, de modo que lo que hoy parece un problema, las inundaciones, termine siendo la clave de la sustentabilidad futura de toda la región.

















