martes 23 de octubre de 2018 - 12:01 AM

Dinastía

Los hijos del expresidente Alberto Fujimori protagonizan un duelo singular al interior de la principal fuerza política del país andino, que ha terminado por fracturar su partido, en el marco de un clima de crisis política aupada por graves escándalos de corrupción.
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El clan Fujimori ha dominado el escenario político en Perú, en casi tres décadas, tiempo en el cual ha venido acumulando derrotas, escándalos de corrupción y rencillas familiares que le han restado fuerza, cohesión interna y apoyo popular.

La primera agrupación política del Perú, representada en el partido Fuerza Popular, se ha convertido en una versión dinástica de dos hermanos, Keiko y Kenji, quienes se disputan el legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori.

Al exgobernante, conocido como “Chino”, muchos lo recuerdan por haber derrotado al terrorismo, por haber reinsertado al país en la órbita económica; pero también, el responsable de violaciones a los derechos humanos, actos de corrupción y autoritarismo.

El distanciamiento de los Fujimori se dio a finales del año pasado, cuando el diputado Kenji Fujimori salvó en diciembre al entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski de ser destituido, a cambio de conseguir la libertad de su padre gracias a un indulto humanitario.

La gracia presidencial, no solo causó rechazo social y de organismos de derechos humanos, tras ser vista como “un intercambio de favores”, al mejor estilo de una descarada negociación política, sino que por primera vez Kenji se rebeló contra su hermana mayor Keiko, la dos veces excandidata presidencial.

Y el episodio dejó en evidencia una fractura en el seno del fujimorismo.

Aunque nada pudo salvar a Kuczynski, pues tres meses después del indulto, el escándalo de unos videos negociando dentro del Congreso, sumado a su supuesta implicación en el caso Odebrecht, lo obligaron a renunciar a la Presidencia en marzo de 2018.

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El analista político Renzo Mazzei asegura que Perú está viviendo una campaña electoral constante, donde es una tendencia la tensión y la confrontación permanente, los cuestionamientos a la autoridad.

Y en todo esto, opina, juega un factor crucial el fujimorismo, caído ahora en desgracia, ya que su máxima líder, Keiko Fujimori, está acusada de recibir US$1,2 millones de la compañía brasileña Odebrecht para financiar su campaña presidencial de 2011.

Después de enarbolar la bandera de la lucha contra la corrupción, fue detenida una semana después de que la justicia anulara el indulto a su padre y ordenara su encarcelación, pero fue ingresado en una clínica de Lima, donde permanece bajo custodia policial.

La líder fujimorista alega que todo es una persecución política para restarle fuerza a su partido, e insiste en que su padre es un “chivo expiatorio” de la justicia.

Aunque el fujimorismo afronta un momento crítico, Mazzei no considera que se vaya a acabar como grupo político, aunque ve posible que se reduzca al mínimo.

Remarca que aún es mayoría en el Congreso, con 61 parlamentarios pero, por otro lado, Keiko es percibida por la ciudadanía como una de las figuras políticas más corruptas del país andino.

“No pasamos de cerrar un caso para entrar en otro, y se postergan temas de trascendencia nacional; para el ciudadano de a pie los grandes proyectos no se comentan, no están en la agenda mediática, pues todo se centra en la crisis política”, se lamenta el periodista peruano, quien recalca que la confrontación política hace que el país no avance tampoco económicamente.

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Además de Kuczynski, hay otros expresidentes en líos judiciales por Odebrech: Ollanta Humala, Alejandro Toledo y Alan García, mientras que en los casos de Alberto Fujimori y Francisco Morales hay condenas de por medio.

“Desde adentro, hay una lectura de que efectivamente la justicia está actuando, pero hay mucha contaminación política en las decisiones judiciales que se toman”, aclara el analista político.

David Peña, docente de Derecho Internacional y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, atribuye la situación peruana a una pugna política dentro de un marco de corrupción de alto nivel, con el fujimorismo y expresidentes cuestionados.

Los candidatos que han querido salir a retomar el poder, a su juicio, no han tenido éxito, porque la crisis política ha dado lugar a una inestabilidad, “que desde el gobierno de Kuczynski se pensó que iba a mejorar, pero terminó por complicarse”.

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Ahora bien, explica que el nuevo presidente Martín Vizcarra, sucesor de Kuczynski, tiene una tarea y un reto grande: volver la situación del Perú de ingobernabilidad a gobernadbilidad, por eso aspira y le apuesta a que sus reformas, que serán votadas en un referendo en diciembre próximo, salgan adelante.

Sobre este punto, Mazzei señala que cuando Vizcarra asumió se pensó que iba a ser un presidente más manejable del Congreso, pero en vez de eso, propuso cuatro reformas que son interpretadas de forma negativa, entre ellas la no reelección de congresistas.

En su opinión, el actual mandatario espera que le aprueben sus propuestas que serán sometidas a referendo el 9 de diciembre, que servirá de termómetro para medir el respaldo popular, y así empezar a despejar el camino de la peor crisis institucional del Perú en la historia reciente.

La corrupción marca el devenir político

Juan Carlos Rozo, profesor de Letras y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Houston, en Estados Unidos, interpreta lo que sucede en Perú en términos de lo que está pasando en otros países de América Latina, como Brasil y Colombia, que se centra en el tema de la corrupción y cuál es la respuesta de los gobiernos a esta corrupción sistémica y extendida a todas las ramas del poder público.

De allí que no le extraña que la impopularidad del Gobierno peruano se sitúe en el 70%, “hay toda impunidad con relación a la corrupción, pese a que se han tomado mayores medidas judiciales que en otros países, tomando en cuenta, que casi todos los expresidentes contemporáneos de Perú se encuentran en investigación”.

En cuanto al fujimorismo, el experto consultado reconoce una división en Fuerza Popular, el partido bandera del fujimorismo, que se ha materializado con la división entre Kenji y Keiko Fujimori. A pesar de que Keiko era vista como su heredera natural con un carrera política trascendental y ascendente en Perú, poco a poco se fue distanciando del ideario de su padre, a diferencia de su hermano Kenji, que lo ha defendido a capa y espada.

Rozo resalta que el referendo de diciembre próximo se constituye en una prueba de fuego para el presidente Vizcarra, “no tanto para medir su popularidad, sino para definir cómo va a quedar el juego de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo”.

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