domingo 07 de abril de 2019 - 12:00 AM

El tesoro de la juventud

No sobrepasan los 50 años, han cambiado el panorama político mundial con su juventud e ideas progresistas, que conectan con un electorado cada vez más ávido de renovación, pese a su falta de experiencia.
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Han alcanzado el máximo cargo administrativo, por medio del voto en sus países con menos de 45 años de edad, son progresistas, carismáticos, académicamente preparados, con un pasado sin escándalos, que venden una imagen fresca, prometen renovación y hacen de las redes sociales su plataforma política.

Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Justin Trudeau en Canadá, Emmanuel Macron en Francia, Sebastián Kurz en Austria, Charles Michael en Bélgica, Leo Varadkar en la República de Irlanda, Kersti Kaljulaid en Estonia, Carlos Alvarado en Costa Rica o Iván Duque en Colombia, representan esa nueva ola de liderazgo mundiales, donde la juventud es sinónimo de poder.

Se han desmarcado de los partidos políticos tradicionales, y en torno a ellos, los electores, desencantados con la clase dirigente de siempre, han depositado su confianza y sus esperanzas, motivados por un relevo generacional que dé otro ‘aire’ a los gobiernos de sus países.

Geraldine Bustos, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, señala que son gobernantes que tienen una mayor vocación entre representación y participación política, en la medida en que los votantes pueden sentirse más identificados con ese liderazgo juvenil.

En ese orden de ideas, explica que con la ruptura que representan estos líderes, logran realmente conectar con los electores, al poner en la agenda temas que son más valorados por ellos.

Con esto se refiere a una agenda ‘verde’ o ambiental más pronunciada, por ejemplo, dependiendo del país como Canadá, la igualdad de género en Nueva Zelanda, o por el contrario, una agenda no progresista sino más bien que reivindica ciertos programas que se dejaron en el olvido, como los valores de corte nacionalista en el caso austríaco.

“El tema de representación se da, porque algunos sectores, que se sentían excluidos por la política tradicional, ven en estos jóvenes un renacimiento de sus ideas y una renovación frente a los partidos políticos”, comenta.

Por citar un ejemplo, Bustos describe el caso del presidente de Francia como las dos caras de una moneda.

Por un lado, dice, Macron, el hombre más joven en ocupar la Presidencia de Francia a los 39 años en 2017, encarna una renovación en la política, pero por otro lado, al empezar a implementar una serie de medidas surge una reacción de la población en contra de su agenda, refiriéndose al movimiento de protesta de los ‘chalecos amarillos’.

Y es allí donde precisamente radica el reto, según ella, porque “si bien una porción de la población se siente identificada en esta nuevas ideas de estos líderes, otra porción se resiste a estas nuevas agendas: entonces, ¿cómo hacer compatible las dos?”.

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Una tendencia

Otro aspecto a considerar, es la experticia, que debe abordarse desde varios aspectos, añade Bustos.

Además, un elemento a tener en cuenta, en opinión de la docente universitaria, es que estos nuevos gobernantes mundiales se saltan la carrera política y “lo quieren compensar con una formación profesional más alta, se les ve más como tecnócratas que como políticos”.

Llama la atención en el hecho de que también estos gobernantes, como Macron y Trudeau, son carismáticos, atractivos, y que proyectan una imagen fresca y moderna.

Pero a su vez, subraya que la sociedad igualmente les reclama que tengan más allá de una ‘cara bonita o joven’, y les cuestionen cuál es su manejo de la política real.

Bustos se atreve a señalar que el ascenso de estos jefes de Gobierno jóvenes puede ser una tendencia, en la medida en que se ha demostrado que sirve y genera réditos electorales mostrar nuevas caras, como renovación política, pero no simplemente de ser jóvenes sino que tiene que estar conectado con el pueblo.

Julio César Botero, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de La Universidad de La Salle, resume esta nueva realidad de liderazgos a nivel mundial al hecho de que las sociedades están demandando un cambio.

Basa su argumento en que las juventudes están más activas y participativas en los diferentes ejercicios del poder, entendidos como democracia.

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Logran transmitir

“Lo que transmiten mejor los líderes, es que logran comunicarse mejor con la población joven cada vez más pendiente, por lo menos en redes sociales”, menciona el experto.

Ahora bien, Botero repara en que los gobernantes, como el caso de Canadá, Francia o Colombia, no solo se comunican con los diferentes sectores de la población, “sino que parecieran entender mejor el fenómeno que estamos viviendo de la globalización cada vez más dinámica”.

En otras palabras, estos nuevos y jóvenes líderes nacieron en un entorno globalizado y en otros casos, se formaron en el exterior, agrega Botero.

Otro tema que dice que es necesario analizar a la luz de esta situación, es la apatía del partidismo tradicional a nivel mundial.

“En últimas, en las urnas se refleja la respuesta de la gente, es un discurso más visual que real, todo el tema de la imagen es el que vende y es aceptado por los electores en las diferentes regiones del mundo”, destaca el profesor de la Universidad de La Salle.

Sin ir tan lejos, asegura que es lo que está pasando en Colombia: “vemos ministros que parecieran ser más presidentes que el mismo presidente, se ven personas que tienen experiencia en su campo laboral, pero se nota por encima la falta de experiencia de líderes jóvenes” en la toma de decisiones en el ejercicio del poder.

En ese sentido, considera que habría lugar a una reflexión: ¿queremos cambio generacional o experiencia?

Entonces, él dejaría como conclusión que se nota que hace falta un poco de recorrido para dirigir un país, en últimas no es como una empresa o un equipo, porque lo que tienen ante sí son las riendas de un Estado.

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Desgaste de partidos tradicionales
Un factor que explica por qué estos líderes llegan al poder, opina David Barbosa, profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario, es que nacieron en todo este desarrollo de una sociedad disponible, y rápidamente logran insertarse en estas redes de los partidos políticos y logran labrarse carreras de manera consciente en el menor tiempo.
Pero afirma que detrás de estas figuras jóvenes, hay uno o más políticos tradicionales que entienden el fenómeno, y hacen las veces de sponsor (patrocinador).
Igualmente identifica un desgaste de los partidos tradicionales, que suelen estar imbuidos en un pasado que lo hace poco honesto, “entonces aparece una nueva gran tendencia de renovación en torno a políticos sin historia y sin maña, que pueden prometer o dar la idea de decirle al electorado ‘ustedes pueden esperar de nosotros resultados distintos’”.
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