martes 11 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

¿La guerra fría 2.0?

La tensión comercial entre Estados Unidos y China concentra la atención mundial este año, en medio de amenazas, represalias y acusaciones mutuas de las dos mayores potencias.

Más allá de las consecuencias de la detención, la semana pasada, de Meng Wangzhou, heredera del imperio Huawei, en un nuevo episodio del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, lo que está en juego es la estabilidad del mercado global que se mueve el vaivén del duelo que libran las dos mayores economías mundiales.

Para muchos expertos, la situación cada vez menos parece una guerra comercial, y más una nueva “Guerra Fría” entre los dos países más poderosos del mundo.

Una lucha de consecuencias imprevisibles, por la escala de los adversarios y por los efectos.

De hecho, la confrontación económica amenaza con ser solo la primera salva en una particular disputa por la primacía geoestratégica, e incluso tecnológica mundial.

Lo cierto es que ninguna de las dos economías saldrá indemne de esta disputa, que agravaría las debilidades de las dos potencias. No beneficia a nadie porque perjudica el comercio libre y el proceso multilateral, tal como han previsto numerosas organizaciones, como el FMI.

Así las cosas, la tregua comercial alcanzada por los presidentes Xi Jinping y Donald Trump, el pasado 3 de diciembre al término de la cumbre del G20, resulta frágil y no ha resuelto ningún problema de fondo. Solo ha dado más tiempo, hasta marzo de 2019, para que ambos países midan cuánto están dispuestos a comprometerse, y repensar sus estrategias de negociación.

Jorge Iván Bula, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, señala que “básicamente estaríamos asistiendo a una guerra de bloques económicos entre dos grandes potencias”, lo cual supone un escenario de gran inestabilidad a nivel global.

Si bien estima que en el largo plazo China tiene las de ganar, advierte que el corto plazo ambas economías enfrentarán situaciones económicas complejas precisamente por sus lazos comerciales y de flujos de capital.

“Mi impresión es que Estados Unidos requiere consolidar de nuevo su aparato productivo para mantenerse como potencia mundial. Y China va a aprovechar ese momento para robarle espacio”, sostiene el economista.

Frente a este tema, apunta Carlos Andrés Pérez, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, no se puede hablar de ganador o perdedor.

“Estados Unidos está jugando unas cartas, que si bien al parecer quiere demostrar superioridad, honestamente tiene mucho que perder, porque al cazar una pelea con la fábrica más grande del mundo, no solamente va a traer consecuencias por la guerra comercial, sino consecuencias graves para la clase media en Estados Unidos”, opina el experto.

Se refiere con esto, a que la guerra comercial en los meses anteriores, ha llevado al incremento de costos para bienes y servicios que son de uso común para los ciudadanos de a pie en el país norteamericano.

En ese contexto, Pérez destaca que el asunto se ha visto opacado, como consecuencia positiva de las cifras de empleo en Estados Unidos, pero alerta que será “una situación que se va a tornar insostenible en el futuro si no se llega a un arreglo pronto, si no se aprovecha la tregua” de 90 días.

Y al final del día, a su juicio, va a perjudicar más a la economía estadounidense que a China.

En tanto, Bula considera que las apuestas sobre cuál de las dos economías quedará más golpeada por esta confrontación comercial son difíciles de anticipar. “En parte hay resentimiento en ambos países, y sin duda, seguir esta dinámica dependerá de la capacidad de resistencia de sus aparatos productivos”, dice.

En medio de la pugna comercial, lo que está haciendo Trump es proteger la economía estadounidense siendo fiel a su política de “Primero América”, asegura por su parte, María del Pilar Isidro, directora del Programa de Negocios Internacionales Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.

Sin embargo, advierte que hay un tema de fondo, y es el endeudamiento de Estados Unidos con China. El gigante asiático es el primer acreedor de EE.UU., que posee 1,17 billones de dólares de deuda estadounidense.

Otro elemento de análisis, según Bula, es la influencia geopolítica de las dos potencias, y en el caso específico de China, alude a la llamada nueva Ruta de la Seda, y su énfasis sobre el libre comercio mundial como una forma de penetrar mercados frente al proteccionismo que hoy promueven los EE.UU.

Otro frente de guerra: la tecnología

Tras el giro debido a los últimos acontecimientos con el arresto de la directora financiera del gigante de las telecomunicaciones chino, Huawei, el incidente ha puesto más presión a las ya tensas relaciones entre Estados Unidos y China

Es un precedente grave, considerando el peso y el nombre de Meng Wangzhou, actualmente bajo custodia en Canadá, a petición de Estados Unidos, que acusa de Huawei de fraude por violar las sanciones impuestas a Irán por su programa nuclear.

Esto lo que muestra es una pelea clara por el control tecnológico y lo que eso puede significar, recalca Carlos Andrés Pérez, docente de la Universidad de La Salle. “Y si lo extrapolamos hacia una nueva guerra que se está fraguando en el sentido de que quién maneja la tecnología y las redes sociales”, afirma.

Lo que ocurre es que Huawei es el segundo productor de tecnología solo superado por el coreano Samsung, y hay una presión directa de Estados Unidos hacia la empresa china, aunque eso no le ha impedido que esta siga expandiéndose, vendiendo tecnología y aparatos que desarrollen redes que utilizan diversos gobiernos, puntualiza.

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