Las prácticas responsables dejaron de ser un concepto voluntario para convertirse en un criterio que determina la competitividad y permanencia de las organizaciones. Luis Felipe Ordoñez, director del Centro de Economía Circular (CEC, explica cómo está cambiando la dinámica productiva en Santander, qué sectores marcan la pauta y por qué adoptar modelos responsables es hoy un requisito estratégico.

La sostenibilidad se transformó en un elemento que define la capacidad de una compañía para mantener su relevancia en mercados cada vez más exigentes. Para el director del Centro de Economía Circular (CEC), este viraje responde al comportamiento de actores clave: reguladores más estrictos, compradores informados y cadenas de abastecimiento que exigen coherencia y responsabilidad.
Ordoñez destaca que la normativa ambiental avanza hacia estándares rigurosos que buscan que las compañías gestionen sus impactos y ajusten sus procesos. Paralelamente, ha surgido un cliente más consciente, interesado en conocer el origen de los productos, las condiciones de quienes los elaboran y el efecto real de esa compra sobre el entorno. Este cambio obliga a que las empresas fortalezcan su trazabilidad, transparencia y prácticas laborales y ambientales.
En Santander, esta transición ya empieza a notarse. De acuerdo con el CEC, varias entidades han entendido que incorporar criterios responsables genera retornos concretos y fortalece su competitividad. La adopción de prácticas circulares avanza de forma gradual: primero con el reconocimiento del concepto, luego con intervenciones puntuales y, finalmente, con la integración del modelo en la estrategia general.
Entre los avances más visibles están el rediseño de empaques y materiales con mayor potencial de reciclabilidad, la optimización de procesos que reducen el consumo de agua y energía, y el aprovechamiento de residuos que ahora se reintegran a nuevos ciclos productivos. A esto se suman modelos de negocio basados en servicios, donde las organizaciones generan soluciones sin depender exclusivamente de la venta tradicional.
“Un elemento determinante es comprender que ninguna empresa avanza sola. La colaboración y las alianzas con otros actores de la cadena son fundamentales para implementar soluciones circulares con impacto”, menciona el director.
Sectores que están liderando la transición
En este sentido, la construcción ha dado pasos importantes al incorporar criterios de diseño responsable y obras con menor huella ambiental. El avícola mejora en eficiencia y manejo de subproductos, mientras que el calzado innova a través de nuevos materiales y procesos de aprovechamiento. En alimentos, se destacan las cadenas más articuladas con proveedores y la fabricación responsable.
El turismo y la gastronomía suman experiencias con enfoque ambiental y social, y los sectores de salud y educación trabajan en consolidar una cultura organizacional que integre prácticas sostenibles. En las industrias de alto impacto, se evidencia el avance del sector de hidrocarburos en proyectos de transición energética liderados por Ecopetrol, y el esfuerzo del sector minero por adoptar procesos más responsables, especialmente en la minería artesanal.
Aunque existen avances, todavía persisten desafíos. El principal, según Ordoñez, es la falta de visión estratégica para interpretar las nuevas expectativas del mercado global, en donde varias compañías siguen viendo la sostenibilidad como un requisito externo y no como una oportunidad para generar valor, mejorar reputación y fortalecer competitividad.
La recomendación es entender el impacto de cada producto, innovar, identificar oportunidades y transformar desafíos en ventajas reales. “El objetivo no puede ser solo obtener utilidades, sino generar valor para las comunidades, los trabajadores y el entorno”, afirma Ordoñez.











