domingo 30 de septiembre de 2018 - 12:01 AM

Yemen está muerto en vida

Arabia Saudita e Irán se están jugando su influencia en todo Oriente Medio, no solo en Siria, también en Yemen. El conflicto en este último país es la continuación de una pugna entre dos facciones islámicas del mundo árabe, donde los civiles están pagando un alto costo.

Diez mil muertos, tres millones de personas obligadas a huir de sus hogares por los combates, 22 millones de un total de 29 millones de habitantes que necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir, 250 mil enfermos por un brote de cólera y 1,8 millones de niños que sufren desnutrición aguda.

Estos números en rojo ilustran, de la forma más cruenta, el drama humano y la magnitud de la guerra que desangra a Yemen, el país más pobre de la Península Arábiga, al que el mundo le ha dado la espalda.

En los últimos tres años y medio, el conflicto armado no muestra ningún signo real de remisión y la crisis humanitaria y la hambruna generalizada profundizan el desastre de un país ‘muerto en vida’. La población civil, sin duda, es la que está pagando un alto costo.

Todo esto con el telón de fondo de que Yemen, al igual que Siria, se constituye en otro escenario donde Arabia Saudita e Irán libran una batalla por la hegemonía en la región de Oriente Medio.

El conflicto escaló desde 2015 con la intervención militar y devastadores bombardeos de una coalición militar de países sunitas liderada por Arabia Saudita (con ayuda de Estados Unidos y Gran Bretaña) a favor de las fuerzas leales al presidente reconocido internacionalmente, Abdo Rabu Mansur Hadi, e impedir el avance de los rebeldes hutíes (chiítas apoyados por los iraníes).

Esta es una confrontación que se remonta a 2014, cuando un levantamiento que sobrevino a las revueltas árabes de 2011 obligó al entonces presidente Ali Abdullah Saleh, que gobernó durante más de 33 años el país, a entregar el poder al vicepresidente sunita Hadi.

Sin embargo, lo que parecía una transición política, que se suponía iba a dar estabilidad a Yemen, fracasó y desató una complicada y violenta lucha de poder entre sunitas y chiítas. Fue cuando en enero de 2015 Saleh se hizo aliado de los rebeldes hutíes chiítas que ocuparon la capital, Saná y otras provincias, y pusieron a Hadi bajo arresto domiciliario, quien un mes más tarde, huyó del país.

Un hecho determinante fue el trágico final que tuvo Saleh, asesinado en diciembre de 2017 por sus “aliados” hutíes. Saleh fue acusado de traición por haber negociado con los sauditas una salida a la violencia, que a partir de allí se recrudeció.

Para comprender la guerra en Yemen, Víctor De Currea-Lugo, profesor universitario y experto en temas de conflicto, señala el antecedente del proyecto de estado-nación que no se ha consolidado en ese país.

Recuerda que en el pasado hubo Yemen del Sur y Yemen del Norte y que posteriormente se unificó el país, con una importante variable: “la gran cantidad de etnias y culturas. El Estado no dejó de ser una promesa fallida, como pasó con Somalia, porque el Estado social, proveedor y garante, nunca se consolidó”.

Lo anterior se explica, anota De Currea-Lugo, porque las revueltas árabes plantearon una serie de descontentos sociales que siguen sin ser resueltos en países como Yemen, “fracturado, con profundas influencias externas y agendas sociales pendientes”.

Otro elemento en esta radiografía del conflicto son las tensiones entre Arabia Saudita e Irán, naciones que han tomado partido por un bando u otro. En ese sentido, el experto consultado destaca que “la pelea entre sunitas y chiítas no es una pelea religiosa, es una pelea eminentemente política”.

Esta opinión es compartida por Luis Fernando Ramírez, vicerrector de Investigación y Transferencia de la Universidad de La Salle de Bogotá, que describe a Yemen como “un país con procesos de reunificación y construcción de un estado fallidos, dividido a través de la historia por el tema de las castas que se ha ido recrudeciendo por intereses geopolíticos de los sauditas y los iraníes”.

Observa, en ese sentido, que “el conflicto es un escenario natural para que se note ese tipo de enfrentamiento”, Yemen es una nación que tiene unos intereses en la geopolítica regional, por aspectos tales como su acceso al mar en el sur de Asia, y compartir frontera con países como Arabia Saudita y Omán.

José Ángel Hernández, doctor en Historia Contemporánea y director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, también pone de manifiesto las comunidades islámicas muy diferenciadas que conviven en Yemen: hutíes chiítas y sunitas.

Agrega, que el enfrentamiento en Oriente Medio entre sunitas y chiítas repercute directamente en la crisis de Yemen.

Algo que resulta crucial para entender el trasfondo de la guerra, “es que en el sur de la Península Arábiga, donde está Yemen, para los árabes sauditas sería un palo muy grande el que a sus espaldas hubiera un gobierno de mayoría chiíta al mando de los hutíes, por lo que están intentando acabar con ellos de manera muy cruenta”, subraya Hernández.

Sustenta esta afirmación, en el hecho de que al bombardear hospitales, buses con niños, convoyes con alimentos, y emplear armas prohibidas por convenciones internacionales, “Arabia Saudí definitivamente utiliza su presión sobre Occidente con su riqueza petrolera para intentar ganar esa guerra, pero la determinación de los hutíes es muy grande”.

Y, si el bando saudita impide la llegada de alimentos, esto se manifiesta con una crisis humanitaria sin parangón como la que se da actualmente, la más grave en estos momentos en el mundo, según ha advertido la ONU.

El docente Hernández, por último, no descarta que se llegue a una salida negociada al conflicto yemení, que permita que las partes lleguen a un entendimiento, pues ya se ha hecho en el pasado, “y supongo que la presión internacional, o más bien la vergüenza, hará posible un acuerdo”.

Mientras esto ocurre, el mundo mira hacia otro lado frente a la catástrofe humanitaria de un Yemen devastado y olvidado, donde Al Queda y el Estado Islámico aprovechan el caos de la guerra.

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