Publicado por: Felipe Antonio Zarruk Diazgranados
Cada mes me reúno con Roberto Pablo Janiot Martirena más conocido como Beto y las tertulias llenas de historias en donde está involucrado su padre, son cada vez más frecuentes. Él, es el hijo mayor del fallecido Roberto Pablo Janiot, quien durante muchos años vistió las camisetas de Chacarita Juniors en su país y del Bucaramanga, llegando a convertirse en director técnico del onceno santandereano. Hace pocos días, Beto llegó procedente de Buenos Aires, ciudad en la cual almorzó con dos grandes jugadores que vinieron a la institución bumanguesa y cuyos nombres la afición recuerda con cariño. Me refiero al volante Juan Carlos “Nene” Díaz y el puntero izquierdo goleador Miguel Oswaldo González.
Corría el mes de mayo de 1981 y el Bucaramanga tuvo un Torneo Apertura bastante desastroso, bajo la conducción del técnico brasileño Carlos Gainette y tres muchachos brasileños tan flojos que ni para qué gastamos papel en ellos. La junta directiva encabezada por Reinaldo Rueda Castañeda nombró a Janiot como técnico y a Montanini como asistente para enderezar el rumbo. Eso sí, le pidieron el favor a Janiot que se fuera para la Argentina y consiguiera tres buenos refuerzos para que le hicieran compañía a Maturana y todo el tren trasero de Nacional quienes habían llegado junto a Diego Edison Umaña con el fin de armar uno de los mejores equipos del rentado colombiano. Umaña había costado 10 millones de pesos de la época y eso era mucha plata. Janiot viajó y llamó a Ernesto Duchini, toda una institución en el manejo de divisiones juveniles en el balompié gaucho para que le ayudara en la contratación de jugadores.
Don Ernesto le dijo que había un jugador de 21 años en Los Andes al cual le decían “El Maradona de la B” y que lo fueran a ver esa tarde, pero resulta que esa tarde, Juan Carlos Díaz no pudo jugar porque estaba suspendido. Tres días después volvieron y “Nene” se dribló hasta los asistentes al estadio. A Janiot le gustó, llamó a Bucaramanga y cuando le dieron la autorización, lo compró en 100.000 dólares. Roberto Pablo puso de entrada 10.000 que le prestó un amigo y así fue como él y Edgardo Paruzzo llegaron al club bumangués.
Roberto ya había visto a Saturno y lo dejó listo con 15.000 dólares que costaba su pase, pero por cuestiones de papeleos llegó días después cuando había iniciado el Torneo Finalización. Bucaramanga estaba concentrado en Bogotá desde el lunes y esa madrugada había llegado “El Loco” Saturno. El equipo debía jugar el miércoles en la noche ante Millonarios pero querían mover a Sergio Omar y por este motivo, Janiot llamó a su hijo quien estudiaba Arquitectura en la Javeriana después de su paso por la Universidad de Belgrano en Buenos Aires y le pidió el favor para que tapara remates de Juan Carlos Díaz y de Saturno. El Gordo Beto se voló de clases y se fue con ellos al Parque Nacional, trabajó con ellos durante dos días y aquél miércoles en la noche Saturno hizo el gol con el cual se le ganó al cuadro albiazul. Recuerdo que el periodista Fernando Pabón tituló en Vanguardia Liberal: “Bucaramanga ganó con un gol de otro mundo”.
A Beto se le humedecen los ojos al recordar aquellos episodios de una historia que luego terminó mal por lo del 11 de octubre, pero sonríe orgulloso porque su amado padre siempre ayudó al equipo, inclusive lo dice con emoción porque por esos años estudiaba en Buenos Aires y Chacarita Juniors lo contrató para atajar en la cuarta división gracias a Perfecto Rodríguez. Una vez se graduó en Bogotá como arquitecto, su papá, “Cuca” Aceros y “Pipas” Solarte le prometieron durante el mundial de España 82 que iba a jugar en el Bucaramanga, pero solo estuvo durante cuatro meses, porque le salió un trabajo con Rodolfo González García en Bogotá y la arquitectura se llevó a un gran arquero, ¡no era “carreta”! El gordo tapaba bien. Al final de la charla le pregunté cuánto había costado el pase de Miguel Oswaldo González al año siguiente y me respondió: “¡Solo 55.000 dólares!” Y pensar que fue dos veces botín de oro. Tiempos aquellos con grandes jugadores. Hoy traen a “Bebé” Rivas y a Matías Cano. Un abrazo, chao y hasta la próxima.















