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Columnistas
Jueves 05 de septiembre de 2024 - 01:34 AM

Ya no gustan los paros

Desde hace un par de días el gremio de los transportadores protesta por el alza en el precio del ACPM, y el día de ayer se unieron los taxistas y los motociclistas a las movilizaciones. Cali, Bogotá, Medellín y Bucaramanga, experimentan importantes traumatismos en las principales vías de acceso a los municipios.

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La vida está llena de ironías y de paradojas, y la historia (pero especialmente las redes sociales) no perdonan a nadie. Es verdad que la política es dinámica, pero no por ello las posiciones políticas deberían ser cambiantes. Los criterios y las ideologías deben estar ligados a la personalidad, y no a los cargos públicos que se desempeñan en determinado momento. La actual realidad política y social del país evidencia una absoluta incoherencia de quienes en algún momento promovieron las marchas y los paros, a manera de protesta por los incrementos en los tributos y los aranceles.

Desde hace un par de días el gremio de los transportadores protesta por el alza en el precio del ACPM, y el día de ayer se unieron los taxistas y los motociclistas a las movilizaciones. Cali, Bogotá, Medellín y Bucaramanga, experimentan importantes traumatismos en las principales vías de acceso a los municipios. Y mientras que la ministra de transporte trata de solventar la situación en la mesa de diálogo, el presidente Petro acaba con cualquier posibilidad de arreglo amigable; durante todo el día de ayer atacó a los protestantes a través de Twitter, alegando que se trata de fascistas y oligarcas, que realmente están queriendo defender los intereses de los grandes empresarios del país.

Hace no tanto, cuando las dinámicas políticas estaban teñidas de oposición, el ahora oficialismo abogaba por el derecho legítimo de los sectores sociales a alzar su voz. Las protestas, incluidas las de los camioneros, eran vistas como una manifestación auténtica de inconformidad ante la injusticia. Hoy, sin embargo, cuando los mismos sectores ejercen su derecho a la protesta, el tono ha cambiado radicalmente. Los que antes eran vistos como héroes que luchaban por sus derechos, ahora son señalados de desestabilizar el país, de ser un obstáculo para el progreso. Dijo el presidente en su red social oficial: “la clase obrera hoy debe salir a defender el país. No es pueblo contra pueblo. Eso es lo que quieren (...) Aprovechemos el tiempo del paro para realizar las grandes asambleas de sindicalizaciòn . El gobierno apoyará por completo la legalización sindical de los trabajadores del transporte.”

El paro camionero que hoy vive el país no es un capricho de un sector; es el resultado de décadas de problemas que afectan a miles de familias en todo el país: el alza en los precios de los combustibles, la falta de regulación justa, las malas condiciones de las vías y la inseguridad. Lo curioso es que, el gobierno que antes alentaba a las masas a manifestarse con convicción, hoy les exige paciencia.

Esta doble moral no solo erosiona la credibilidad del gobierno, sino que también socava uno de los pilares fundamentales de la democracia: el derecho a la protesta. El mensaje que se envía es claro: protestar está bien, siempre y cuando no vayas en contra del gobierno de turno.

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