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Sábado 12 de abril de 2025 - 12:32 AM

Trump, una sombra de sospecha

No es la primera vez que un comentario suyo en redes anticipa movimientos bursátiles. Tampoco es la primera vez que algunos cercanos se benefician. La coincidencia ya de por sí es sospechosa. La economía se convierte en un tablero donde el poder se mueve al ritmo del capricho y la información privilegiada.

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Durante una celebración, el presidente Donald Trump, entre risas y su pintoresco baile, soltó una frase que además de dejar perplejo al mundo, retrata su forma de gestionar el poder, se jactó de tener al mundo entero suplicando por su atención.

No era una exageración. Días después, con una amenaza de aranceles, provocó un temblor en los mercados globales, elevando precios, sembrando incertidumbre y, de paso, generando nuevas oportunidades de inversión para los “más atentos”.

Trump publicó un mensaje asegurando que era un buen momento para invertir. ¿Quiénes lo hicieron? ¿Quiénes supieron de antemano que esa frase iba a mover los mercados? Según reportes, figuran viejos conocidos: empresarios cercanos, aliados políticos, incluso miembros de su propia familia.

No es la primera vez que un comentario suyo en redes anticipa movimientos bursátiles. Tampoco es la primera vez que algunos cercanos se benefician. La coincidencia ya de por sí es sospechosa. La economía se convierte en un tablero donde el poder se mueve al ritmo del capricho y la información privilegiada.

Cuando las políticas públicas se vuelven un instrumento de especulación, el problema ya no es sólo económico. Es ético, jurídico, profundamente moral y debe tener consecuencias políticas. El poder no puede utilizarse como un megáfono para manipular mercados ni como un trampolín para favorecer amigos. Tampoco puede seguir haciendo daño sin consecuencias.

Los aranceles no son solo cifras, impactan en la vida diaria. Ya lo estamos viendo en una inflación que se mueve a paso galopante en los mercados. Los aranceles desproporcionados, lejos de proteger a un país, encarecen productos, paralizan industrias, afectan empleos, golpean a las clases medias y trabajadora que terminan pagando los platos rotos de una economía volátil, pero no todos pierden. Algunos ganan y mucho.

Realmente el modelo es un tema viejo, pero Trump lo ha llevado a una nueva dimensión: la del espectáculo financiero.

La confianza pública se desgasta cuando mandatarios como Trump actúan como si el Estado fuera un feudo personal. Lo más preocupante es que, cada episodio como éste, marca un precedente: normalizar la arbitrariedad y abrir la puerta para que otros la imiten.

Pero, no solo se trata de Trump. Se trata del sistema que le permite jugar con las reglas; moldearlas a su antojo y lo peor, salir indemne. También se trata de nosotros, del silencio cómplice o de la tibieza frente a una conducta que, si no se detiene, puede arrastrar la legitimidad de la democracia junto con los mercados.

Y mientras tanto, en qué anda la oposición que no se opone. ¿Está dejando que Trump se estrelle solo?. Como si un choque no arrastrara a medio país, al mercado, a la democracia y a ellos mismos. Quedarse viendo al toro desde la barrera no parece una buena opción. Por donde se mire la sospecha está servida. Solo falta el coraje colectivo para decir basta.

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