China ha utilizado la Ruta de la Seda como un instrumento para expandir su influencia económica y diplomática en regiones estratégicas. En América Latina, más de 20 países ya han firmado acuerdos similares y algunos como Panamá decidieron retirarse.
La reciente decisión del Gobierno colombiano de suscribir un acuerdo para ingresar a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, promovida por China, ha generado un debate que va más allá de la simple firma de un memorando de entendimiento. Se trata de un movimiento geopolítico que debe ser analizado con cuidado y a la luz de las relaciones comerciales y políticas con Estados Unidos.
China ha utilizado la Ruta de la Seda como un instrumento para expandir su influencia económica y diplomática en regiones estratégicas. En América Latina, más de 20 países ya han firmado acuerdos similares y algunos como Panamá decidieron retirarse. Para los defensores de la Ruta este acercamiento puede representar para Colombia oportunidades concretas en materia de financiamiento para obras públicas, diversificación de exportaciones y transferencia tecnológica.
Pero el ingreso a la Ruta de la Seda no es un gesto neutro, ni gratuito. Ello podría significar la profundización del desbalance comercial con China que ronda los USD 12.400 millones y generar acuerdos para que este país administre la infraestructura estratégica que eventualmente financie y licite en Colombia, como ocurre con el puerto de Chancay en Perú, el cual está bajo el control y la administración de la naviera china COSCO. O el caso de Ecuador que firmó un TLC, pero con unas condiciones de acceso al mercado chino que desfavorecen al banano y las flores, sus productos más competitivos.
Estados Unidos, que ha sido un aliado estratégico en temas de seguridad, cooperación, inversión y comercio, observa con preocupación la creciente penetración china en la región y ha enviado amenazas de represalia como negar el voto de su país en los directorios de la banca multilateral para que con sus recursos financien cualquier proyecto de infraestructura ejecutado por los chinos. Situación que deja un mensaje de preocupación para la financiación del metro de Bogotá.
El momento tampoco es el más adecuado. Estados Unidos tiene suspendidos por 90 días los aranceles recíprocos, mientras negocia acuerdos bilaterales con los países afectados. Este acercamiento con China podría impactar cualquier aproximación que el gobierno colombiano haga con el gobierno Trump.
Nuestro presidente funciona con la reacción y la provocación y en el caso de la Ruta de la Seda hay de ambas. Petro prefiere provocar a Trump y al sector privado colombiano, sin medir las consecuencias de lo que podría significar quedar bajo la égida de los chinos. Claramente no hay estrategia, mientras el presidente y su comitiva siguen de paseo por el mundo.










