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Viernes 29 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Colombia y la democracia nos necesitan

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Las naciones no comienzan a derrumbarse únicamente cuando colapsa la economía, aumentan las crisis visibles o los titulares anuncian incertidumbre empresarial y desconfianza institucional. El deterioro empieza mucho antes cuando la sociedad pierde la capacidad de escucharse, el odio reemplaza al diálogo y los ciudadanos dejan de defender las libertades que sostienen la democracia. Allí surge el riesgo silencioso de las naciones porque la democracia, contrario a lo que muchos creen es un equilibrio frágil que depende de ciudadanos conscientes, capaces de comprender que la indiferencia también puede convertirse en una forma de renuncia colectiva. Y hoy, Colombia enfrenta precisamente ese desafío histórico.

A lo largo y ancho del país se atraviesa por uno de esos momentos históricos donde el desgaste emocional colectivo amenaza con normalizar la polarización. Durante meses el país ha vivido entre discursos incendiarios, confrontaciones permanentes y una creciente sensación de incertidumbre. Familias divididas por la política, jóvenes sin confianza en el futuro, empresarios paralizados por la inseguridad económica y ciudadanos agotados por una tensión que parece no terminar. Lo preocupante no es solamente la diferencia de ideas natural en cualquier democracia sino la manera en que se ha ido debilitando la posibilidad de debatir sin destruir al otro.

La historia ofrece suficientes advertencias para ignorarlas. Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Generalmente se erosionan lentamente cuando las instituciones dejan de ser respetadas, cuando el poder comienza a justificar sus excesos y cuando la sociedad se acostumbra a vivir entre la división y el miedo. Los países no pierden sus libertades únicamente bajo dictaduras evidentes; también las pierden cuando los ciudadanos aceptan el deterioro institucional como si fuera parte inevitable de la cotidianidad. Y quizá el mayor riesgo aparece cuando los sectores moderados deciden callar.

Este domingo mayo 31 del 2026 no puede asumirse como una elección más. Lo que está en juego supera nombres, partidos o ideologías pasajeras. Colombia decidirá si quiere seguir siendo una nación donde aún exista equilibrio institucional, libertad económica, respeto por las diferencias y posibilidad de disentir sin temor. Salir a votar debería hacerse desde la conciencia histórica y la responsabilidad democrática pues las consecuencias de una elección no terminan el día de los resultados permanecen durante generaciones siendo Venezuela el mejor ejemplo reciente.

Por eso cuando la democracia necesita de cada uno de los ciudadanos, la neutralidad deja de ser prudencia y empieza a parecer indiferencia. Hoy no basta con indignarse en redes sociales ni con lamentarse en privado sobre el rumbo del país. Colombia necesita ciudadanos presentes, críticos y valientes. Se requiere ciudadanos defendiendo en las urnas aquello que permitió construir libertades, instituciones y convivencia. Hay épocas en las que votar es apenas un derecho. Pero existen otras como esta en las que votar se convierte en un deber moral con la nación y el futuro por eso este domingo Colombia y la democracia necesitan de todos los colombianos aptos para votar.

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