El arquitecto Mark Fenwick propone un estadio flotante para 50.000 espectadores que viajaría por los océanos de sede en sede en cada Copa del Mundo.

Publicado por: Redacción Tendencias
Una enorme plataforma se aproxima al puerto; a bordo, un estadio de fútbol listo para recibir a 50.000 espectadores que embarcan hacia sus asientos. Lo que parece una idea extraída de la ciencia ficción es la última propuesta de Mark Fenwick, el renombrado arquitecto detrás del Estadio 974 de contenedores en Catar y del RCDE Stadium. El concepto promete revolucionar la organización de los grandes eventos deportivos globales.
“Un estadio flotante de 50.000 espectadores podría cambiar para siempre la forma de organizar una Copa del Mundo. Un recinto capaz de cruzar océanos para convertirse, cada cuatro años, en el gran escenario del fútbol mundial. La innovación siempre comienza con una pregunta que parece demasiado ambiciosa”, explica Fenwick.
La meta es convertir esta megaestructura en el gran icono del torneo, desplazándose de un país a otro para ser el “primer estadio verdaderamente global”. Lea: Miami Beach late al ritmo del Mundial: una ciudad convertida en estadio

Una solución definitiva contra los ‘elefantes blancos’
Fenwick, cofundador de la firma Fenwick Iribarren Architects junto a Javier Iribarren, cuenta con un amplio historial en el diseño deportivo, incluyendo la reforma del Benito Villamarín de Sevilla, el Nou Mestalla en Valencia y tres estadios para el Mundial de Catar 2022.
Fue precisamente en Catar donde desarrollaron el Estadio 974, una estructura exterior hecha con contenedores marítimos diseñada para ser completamente desmontable. Además: Video: Esta es Oceanix Busan, la primera ciudad flotante y sostenible del mundo
El objetivo de estos diseños es erradicar los llamados ‘elefantes blancos’: colosales instalaciones deportivas que quedan en el abandono tras la finalización de los torneos debido a la falta de uso que justifique su multimillonaria inversión.
Con el estadio flotante, la premisa de la sostenibilidad va un paso más allá. “¿Tiene sentido construir grandes estadios para utilizarlos apenas unas semanas? ¿Existe una alternativa? La respuesta podría estar sobre el mar”, plantea el arquitecto, asegurando que la ingeniería naval actual ya cuenta con la tecnología para desarrollar plataformas de esta magnitud.
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Estadio flotante: Autonomía y sostenibilidad en el océano
El proyecto no solo destaca por su movilidad, sino por su propuesta ecológica. De acuerdo con los planos del estudio, el recinto contaría con un elevado grado de autonomía gracias a una gran cubierta retráctil revestida de paneles solares lo transformaría en una pequeña central eléctrica flotante. Se recomienda: En imágenes: Así luce Oceanix, la primera ciudad flotante del mundo
Incorporaría sistemas de almacenamiento energético, producción de agua mediante plantas de desalinización y mecanismos para la recuperación de aguas pluviales.

Los desafíos técnicos de una idea sin precedentes: estadio flotante en el mar
A pesar del entusiasmo, Fenwick reconoce que el proyecto aún es un boceto debido a las inéditas soluciones de ingeniería que requiere. Entre los principales retos técnicos se encuentran: la estabilidad de la estructura frente al fuerte oleaje y la seguridad durante temporales marítimos, las complejas operaciones de remolque necesarias para trasladar el estadio entre continentes, la integración logística con puertos de características muy diferentes y los protocolos de evacuación segura para decenas de miles de personas. Le interesa: Video: Así opera la segunda hidroeléctrica más grande del mundo
Aunque existen precedentes a menor escala —como la plataforma suspendida The Float @ Marina Bay en Singapur, cuyas gradas eran fijas en tierra—, un estadio de estas dimensiones nunca se ha construido. Previamente, firmas como la alemana stadiumconcept (2010) o Florian Busch Architects (2016) exploraron conceptos similares para otros eventos, pero ninguno se materializó.
“Quizá nunca llegue a construirse exactamente como hoy lo imaginamos. Pero la idea abre un debate que va mucho más allá del fútbol: cómo organizar grandes acontecimientos internacionales de una forma más eficiente, más sostenible y con un legado más útil para las generaciones futuras”, concluye Fenwick.












