Un estudio de la Universidad Manuela Beltrán revela que ocho de cada diez jóvenes han sentido soledad y uno de cada cinco no tiene con quién hablar.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Aunque permanecen conectados durante horas a las redes sociales y mantienen contacto con decenas o incluso cientos de personas, muchos jóvenes experimentan una realidad muy distinta fuera de la pantalla. Un estudio realizado por el Programa de Psicología de la Universidad Manuela Beltrán (UMB), con la participación de 435 estudiantes universitarios, encontró que la soledad se ha convertido en un desafío creciente para la salud mental de esta población. Lea también: ¿Cuánto cuesta una hamburguesa triple? Lo que se esconde detrás de la polémica por la primera cita en redes
Los resultados muestran que el 26,4 % de los participantes afirmó sentirse solo de manera frecuente (20,9 %) o permanente (5,5 %). Además, otro 55,6 % aseguró experimentar esa sensación ocasionalmente. En conjunto, más de ocho de cada diez jóvenes han sentido soledad en algún momento de su vida universitaria.
Hans Acero, investigador del Programa de Psicología de la UMB, explicó que estos resultados evidencian un fenómeno social que trasciende las experiencias individuales.
“La soledad no es un fenómeno aislado, sino una realidad estructural entre los jóvenes. Vivimos la paradoja de la hiperconectividad: existen múltiples interacciones superficiales, pero escasean los vínculos profundos y significativos”, señaló el investigador.
Uno de cada cinco jóvenes no tiene con quién hablar
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio está relacionado con las redes de apoyo emocional. El 19,5 % de los jóvenes manifestó que no tiene con quién hablar cuando enfrenta problemas personales, mientras que el 35,9 % aseguró que solo algunas veces encuentra ese respaldo. Solo el 44,6 % dijo contar con alguien para compartir sus dificultades.
Según Acero, la ausencia de apoyo emocional incrementa la vulnerabilidad frente al estrés, la ansiedad y el aislamiento, mientras que contar con relaciones cercanas fortalece el bienestar psicológico y el sentido de pertenencia.

Pasan hasta siete horas al día en redes sociales, pero eso no evita la soledad
El estudio también analizó los hábitos digitales de los participantes. El 57,9 % permanece entre dos y cuatro horas diarias en redes sociales; el 30,6 % dedica entre cinco y siete horas, y el 11,5 % supera las siete horas al día.
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Sin embargo, el tiempo de conexión no determina necesariamente cómo se sienten. El 72,2 % de los jóvenes respondió que las redes sociales pueden hacerlos sentir tanto acompañados como solos, dependiendo de la calidad de las interacciones. Solo el 17 % aseguró sentirse más conectado gracias a estas plataformas, mientras que el 10,8 % afirmó que incrementan su sensación de aislamiento.
Para el investigador, el impacto de las redes depende menos del tiempo de uso y más de la profundidad de las relaciones que allí se construyen. Aunque pueden facilitar el contacto y el acceso a comunidades de apoyo, también favorecen la comparación social, la dependencia digital y el aislamiento cuando predominan las relaciones superficiales.
La mayoría nunca ha buscado ayuda psicológica
La investigación también encontró que el 59,5 % de los jóvenes nunca ha acudido a un profesional de la salud mental, mientras que el 40,5 % sí ha buscado apoyo psicológico.
Aunque esta última cifra refleja una mayor apertura frente al cuidado emocional en comparación con generaciones anteriores, el investigador señala que todavía existen barreras importantes, entre ellas las dificultades económicas, el desconocimiento de las rutas de atención y el estigma que aún rodea la salud mental.
Un llamado a fortalecer el bienestar emocional
Para la Universidad Manuela Beltrán, los resultados evidencian que la soledad juvenil no puede entenderse únicamente como un rasgo de personalidad, sino como un fenómeno social que requiere acciones institucionales y comunitarias.
Entre las recomendaciones de los investigadores se encuentran fortalecer los programas universitarios de acompañamiento emocional, crear espacios de mentoría entre estudiantes, promover un uso más saludable de las redes sociales, facilitar el acceso a servicios psicológicos y continuar investigando el impacto de la soledad y los hábitos digitales en la población joven.
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