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Viernes 29 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Antes de la primera vuelta, hablemos de la segunda

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Colombia acudirá a las urnas para elegir presidente y, según las encuestas, el único con posibilidad de ganar en primera es Cepeda, aunque estadísticamente ese escenario sigue en el terreno de la especulación y de la confianza en posibles subregistros de las mediciones.

Todo indica, entonces, que el país se encamina nuevamente a una segunda vuelta. Vale la pena detenerse ahí y hacerse una pregunta: ¿para qué sirve la segunda vuelta en una democracia como la nuestra?

La respuesta corta es que no basta con poner presidente a quien gane la elección, también es necesario dotarlo de legitimidad a partir de mayorías claras y absolutas. Convencer por lo menos a la mitad más uno de los votantes en una elección. La segunda vuelta se incorporó con la Constitución de 1991 en un momento en que el país buscaba fortalecer sus instituciones, ampliar la representación política y dejar atrás un sistema cerrado y restringido.

Su lógica es simple. En un escenario con múltiples candidatos, alguien podría llegar a la Presidencia con una votación relativamente baja, aprovechando la fragmentación de sus competidores. Pensemos en un caso hipotético. Un candidato obtiene el 28 por ciento, otro el 27, un tercero el 24 y un cuarto el 21. Sin segunda vuelta, el primero sería presidente, aunque el 72 por ciento del país hubiera preferido otra alternativa. Sería legal, sí, pero con una base política débil para gobernar.

Ahí entra a jugar la segunda vuelta como una especie de filtro institucional. No porque la Constitución diga expresamente que su objetivo sea bloquear extremos ideológicos, no lo dice, sino porque obliga a cualquier aspirante a demostrar algo más que una base militante, sean estos tigres, palomas o jaguares. Le exige ampliar apoyos, moderar mensajes y construir alianzas capaces de convencer a ciudadanos que no fueron persuadidos inicialmente por sus propuestas.

Por supuesto, el mecanismo no es infalible. Un candidato considerado radical puede ganar en segunda vuelta si logra respaldo ciudadano suficiente. Y eso también es democracia. La segunda vuelta no existe para vetar ideologías, sino para garantizar legitimidad política.

Gobernar Colombia con un país dividido a la mitad ya es complejo. Hacerlo habiendo llegado apenas con una mayoría relativa sería imposible; quizá adoptaríamos como deporte nacional la idea de derrocar presidentes.

Por eso, antes de realizar cálculos sobre quién pasará a una probable segunda vuelta, conviene recordar para qué fue creada. No es simplemente la repetición de la elección. Es un mecanismo para obligar a que quien llegue a la Casa de Nariño no solo lo haga porque ganó la carrera, sino porque logró construir una mayoría suficiente para dirigir el país.

Finalmente, sea cual sea el resultado, por favor, sean más amables.

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