Es indudable e irrebatible la fuerza y protagonismo que el Centro Democrático (CD) ha ganado a nivel nacional y regional. Esa fuerza propia del partido se ve hoy robustecida por la inmensa y renovada popularidad que ha venido tomando su líder natural, el ex Presidente Álvaro Uribe Vélez (AUV), no solo por su incansable trabajo por la Patria y por mantener viva la democracia y el Estado de Derecho, sino por las recientes victorias contundentes en materia judicial.
La decisión de AUV de participar en los comicios parlamentarios del año entrante, halando la lista cerrada al Senado del CD -en principio desde el renglón 25- le da un impulso muy importante al partido de cara a las elecciones al Senado, pero de paso también, indirectamente, a los aspirantes a la Cámara de Representantes, así como al candidato presidencial que termine decidiendo apoyar el CD para la primera vuelta presidencial de mayo del 2026.
Para ganar las elecciones presidencial es fundamental llegar con un candidato potente de coalición que sume, incluyendo la del CD, las fuerzas de distintos candidatos y partidos desde el centro hasta la derecha. Y para lograr eso es necesario que se conciban y materialicen acuerdos entre ellos que permitan decantar dichas candidaturas en unas pocas -idealmente una sola- antes de primera vuelta.
Partiendo de esa base, es difícil leer y entender la lógica detrás del escueto y enigmático comunicado de prensa emitido hace unos días por el CD en el que da a entender que la escogencia de su candidato presidencial podría tardarse hasta la fecha límite de inscripción de candidatos para la consulta interpartidista del 8 de marzo, que vendría siendo el 6 de febrero.
Eso le deja un margen de maniobra muy corto al CD para lograr acuerdos previos al 8 de marzo, a la vez que propicia que sus seguidores se vayan comprometiendo con otros aspirantes, cosa que ya ha venido sucediendo.
Para terminar de complicar el panorama, el comunicado del CD también insinúa que los candidatos del CD podrían ser más de uno.
Las peleas internas del CD, al igual que las que públicamente hemos visto entre candidatos ideológicamente afines, perjudican no solo los intereses del Partido y de sus aspirantes, sino los del conjunto de pretendientes a la Presidencia y, por tanto, los del país entero.
Es hora de que los partidos y esos candidatos entiendan y sepan leer e interpretar la angustia y el clamor de los millones de colombianos que, siendo la mayoría, no queremos que se perpetúe el proyecto comunista en Colombia y que en consecuencia prioricen los intereses superiores de la Patria por encima de cualquier otro.












