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Jueves 18 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

¿Festejar sin despilfarrar?

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Buñuelos, natilla, panes y chocolates, galletas, golosinas, tortas y dulces, jamón, pavo y más. O menos, mucho menos.

¿Será posible festejar sin despilfarrar?

La Navidad y la celebración del cambio de año se caracterizan por sus excesos, múltiples excesos, de comida y trago, de pólvora, a pesar de los riesgos, los costos y las prohibiciones, de estreno de ropa y regalos con sus envolturas efímeras. Todavía se tiende a botar la casa por la ventana y gastar plata que no se tiene o que hará falta en enero, mes de pago de impuestos, de regreso a clases y derroches de los mal llamados “útiles” escolares.

De hecho, y no solo en temporadas de festejos, en el mundo entero se dan derroches, despilfarros y grandes desigualdades en cuanto a las posibilidades de consumo. También, hace rato se pone en duda los beneficios de la otrora idealizada sociedad de consumo, y ahora bien se sabe que es absolutamente imposible mantener el modelo de consumo desenfrenado para toda la gente en el mundo entero. Sería, y es, el fin del mundo.

¿Será posible consumir sin despilfarrar?

Tal como existen grupos de personas y comunidades que intentan regresar a la “vida lenta” para vivir paso a paso, sin tanta prisa, lo que permite disfrutar, tomar tiempo, conversar y no generar tanto daño ambiental. También están los que emprenden el camino del “no desperdicio”, cero despilfarro o consumo consciente ceñido a lo necesario.

Es grave tener que recordar que todavía la mitad de la humanidad se muere de hambre o de desnutrición mientras la otra mitad se enferma de comer demasiado y de malnutrición. La abundancia y los excesos enferman tanto como las carencias. Solo que la abundancia está emocionalmente relacionada con el amor, el éxito y el bienestar, y las carencias alimenticias se asimilan a pobreza, privación y maltrato.

El propósito es consumir lo necesario, lo cual requiere educación e información para dejar de ser relativo y acomodable a lo deseado. En efecto, fuera de las llamadas básicas, la noción de necesidad varía según las capacidades económicas y el entorno. La idea es promover el consumo consciente, razonable, justo y compartido. Para que los recursos alcancen para todos sin acabar con nuestro entorno, es indispensable repensar la producción, la repartición y el consumo.

En esta temporada festiva, la invitación es a no ignorar nuestra responsabilidad con argumentos tales como ¿qué hago yo si esto no depende de mí? esto es de macroeconomía; ni con la buena conciencia: yo consumo todo lo preparado, lo que sobra lo regalo (¿todo?) o lo pongo para compostaje (¿realmente?)

La invitación es a festejar en modo de consumo razonable y moderado. ¡Felices fiestas con risas y sonrisas y nada que lamentar!

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