En 2026, 41 millones 135 mil 609 de colombianos habilitados para votar elegirán 286 curules que conforman el Congreso de la República, de lejos, la principal institución de un régimen democrático burgués como el que rige en nuestro país.
El origen del Congreso se relaciona con el surgimiento de la nación como un territorio independiente. En Colombia, son antecedentes históricos del actual Congreso el Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada de 1811, el Congreso de Angostura de 1819, en el que se sentaron las bases para la creación de la Gran Colombia, y el Congreso de Cúcuta de 1821, en el que se redactó la primera Constitución.
El Congreso de la República es el depositario más amplio de la soberanía popular, ya que en la Presidencia solo está representada la facción política que gana las elecciones, mientras en el Congreso tienen asiento tanto los ganadores como los perdedores. Entre sus funciones están hacer las leyes, reformar la Constitución, aprobar los planes de desarrollo, el presupuesto y los tratados internacionales, entre otros.
También le corresponde al Congreso hacer control político, una tarea clave en un país en el que la gran corrupción y las malas políticas de gobiernos como el de Petro han sido la norma. Temas como el aumento de la deuda pública y las reformas tributarias deben ser objeto de debate para contrastar esas políticas con el interés nacional.
Pero la más importante de las funciones de un congresista no aparece en la Constitución. Es la de acompañar a los ciudadanos en sus angustias, movilizarse con ellos en sus luchas y velar para que sus problemas sean solucionados. Son muy pocos los congresistas que cumplen esa vital tarea por fuera del recinto.
A pesar de su importancia, durante las elecciones pululan las voces que señalan al Congreso como uno de los principales responsables de los problemas nacionales. Otro enfoque sugiere que, además de causantes, los congresistas también son una consecuencia o un reflejo de la sociedad. Acaso, ¿es posible tener un Congreso decente mientras existe un país atrasado, dependiente y desigual?
El Congreso se empieza a cambiar en la medida en la ciudadanía vote bien y se movilice. Por eso reconforta ver en el tarjetón al Senado por la circunscripción especial indígena al Movimiento Agrario e Indígena por la Soberanía, el cual representa a quienes luchan por la soberanía de Colombia, el agro, la producción nacional y los derechos y el bienestar de toda la población. La lista la integran el sobresaliente senador Richard Fuelantala, el dirigente cafetero, Jesús Guevara y la líder Wayuu, Zunilda Amaya Uriana, tres destacados compatriotas que le han hecho frente al mal gobierno.
Opciones sí hay.










