Enero invita a hacer balances y a replantear prioridades. Comparto entonces algunos propósitos que pueden acompañarnos este año.
No son mandamientos ni fórmulas, solo recordatorios que ayudan a construir relaciones más sanas y formas de convivir más conscientes.
1. Recordar lo básico, que sigue sin cumplirse. Que todas las mujeres —cis y trans— puedan vivir sin violencias en la casa, en la calle, en el trabajo, etc; y que ninguna mujer reciba menos remuneración que un hombre por el mismo trabajo.
2. Dejemos que las infancias respiren. Niños y niñas necesitan menos etiquetas y más libertad para explorar gustos, juegos y maneras de ser. Los moldes rígidos nunca han sido buena compañía para crecer.
3. Cuidemos cómo hablamos de los cuerpos. Comentarios sobre peso, tallas o hábitos alimentarios no aportan. Cada cuerpo lleva su historia y merece tranquilidad, no fiscalización.
4. Cuestionemos prejuicios cotidianos. Evitemos reírnos o repetir “chistes” que reafirmen estigmas —por orientación sexual, raza, género o clase social—. Recordamos que la gracia está en reírse “con”, no “de” las personas.
5. Llamemos a las personas como quieren ser llamadas. Preguntar por nombres o pronombres no cuesta nada y es un paso enorme para el reconocimiento de la humanidad y dignidad de las personas.
6. No supongamos cuál es el proyecto de vida “correcto”. Hay quienes sueñan con hijos y quienes no, quienes viven en pareja y quienes prefieren la soltería. Acompañemos lo proyectos de vida de quienes queremos sin imponer nuestras expectativas.
7. Compartamos las tareas de cuidado. Los hogares, las familias y los trabajos funcionan mejor cuando las tareas se comparten. Cuidar no debe ser un destino inevitable para unas pocas, sino una responsabilidad común.
8. Revisemos nuestras ideas sobre el amor. El amor sano implica límites, autonomía y respeto por el bienestar propio y de los demás. Nadie debe asumir un rol que no quiere ni tolerar ningún tipo de abuso por presión social o familiar.
Estos pequeños cambios pueden tener un impacto inmenso en la vida de muchas personas cercanas —familiares, amigas, amigos, colegas—, y, en tiempos de creciente polarización, en nuestro país.












