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Columnistas
Viernes 09 de enero de 2026 - 01:00 AM

De Guatemala en Guatepeor

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Mi primera columna de este año nuevo que nos abre sus puertas debía ser suave, al reiterar los habituales deseos de prosperidad y felicidad sin tener en cuenta la abundancia de noticias adversas. Pero, demasiado ¡es demasiado! La dramática realidad que sobrepasa la ficción nos obliga a una inmersión total y sin anestesia en la verdad de las noticias. Estas noticias que generan reacciones enteras y opuestas, aplausos y críticas, llantos de alegría y llantos de miedo, rabia y tristeza.

Venezuela encabeza las noticas mundiales, y su suerte y la de Maduro tendrán profundas repercusiones internacionales. Si las reacciones siguen así de tibias, el mensaje quedará: si Trump puede tomarse a la fuerza el país con mayores reservas petroleras del mundo, impunemente y pisoteando normas internacionales y derechos humanos, otros lo pueden hacer; y entre amigotes se cuidan la espalda. Después de Ucrania, Putin irá por más y Trump ya predijo el pronto final de la Europa que conocemos. Trump ya no cuida su lenguaje ni disimula: después de recuperar su petróleo de Venezuela, irá por su agua de México, su canal, su Groenlandia. Como Putin persigue su sueño de recuperar el imperio zarista, Trump persigue su sueño MAGA – hacer América grande de nuevo – y los latinos y otros no Yankies que creen que tendrán su parte de la torta se equivocan. El imperialismo colonial no comparte.

Así que no hay mucho que celebrar en la antidemocrática caída y el cinematográfico secuestro de Maduro. Trump que se erige en adalid de la justicia mundial, no es más que un ambicioso comerciante, ladrón de recursos naturales (ya negoció parte del subsuelo de Ucrania), ignorante negacionista del cambio climático con tendencia a dictar sus normas pasándose por la faja las leyes nacionales e internacionales y la Constitución de su país. Ha retirado EE. UU. de convenios internacionales de control de armas, mitigación climática y demostrado que lo único que le interesa y defiende es la nación americana y sobre todo sus intereses económicos. Para Trump y sus fanes solo el dinero cuenta y lo puede todo.

Venezuela está pasando de Guatemala y Guatepeor: librado de las manos de su propio dictador para caer en las garras de otro dictador, racista, machista, colonialista, abrazado por el oscurantismo, quien ha cerrado programas universitarios, de investigación médica y ambiental; quien manda a cerrar salas de museo para reescribir la Historia a su antojo. Un dictador que expulsa migrantes hasta perjudicar a la economía de su propia nación. Trump se pega un tiro en el pie y, si nada lo detiene, su imperialismo precipitará su propia nación – y el continente americano del que se considera el dueño - en el oscurantismo y un ostracismo cultural enfermizo.

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