En 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 06 de febrero Jornada internacional de tolerancia cero hacia las mutilaciones genitales femeninas. Práctica agresiva y de dominación hacia las mujeres por medio de un seudo ritual que afecta su cuerpo y su mente y les quita dominio sobre su sexualidad. Esta queda afectada de por vida, negada al placer y circunscrita a la reproducción y al placer masculino. La Unicef considera que actualmente en el mundo, más de 230 millones de niñas y mujeres siguen martirizadas por estas mutilaciones.
Las mutilaciones genitales femeninas constituyen una violación de los derechos humanos que vulnera los derechos fundamentales de niñas y mujeres. Las lesiones impuestas a los órganos genitales femeninos por razones no medicales pueden tener repercusiones a corto plazo y de por vida en la salud física, sexual y mental, desde la niñez hasta la vejez y en la etapa reproductiva. Si no matan por las frecuentes consecuencias sanitarias como infecciones por las condiciones precarias y antihigiénicas en las cuales se practica la escisión, las consecuencias sexuales y emocionales persisten toda la vida, no solamente por la falta de placer en las relaciones sexuales sino también por el dolor que estas ocasionan. Puede nacer el deseo, pero no el placer. Si se sigue así, cada año son unos cuatro millones de niñas que seguirán víctimas de esta costumbre invasiva, violenta y abusiva.
Esta práctica se registra en 30 países del mundo, como una manifestación más de la desigualdad de género y la discriminación hacia las mujeres; por diferentes razones. En ciertos países es un requisito para ser elegible para matrimonio o hace parte del rito que marca el paso de la adolescencia a la adultez.
Colombia es el único país de América Latina en el que persiste esta costumbre que tampoco tiene fundamentos religiosos o culturales. Solo pretende mantener la tradicional dominación masculina sobre el cuerpo femenino. Según el Ministerio de Salud, “no hay registros precisos sobre el número de niñas y mujeres a las que se les ha realizado la mutilación genital femenina en el país”, ni hay precisiones sobre los lugares, a menudo muy apartados, donde se realizan. Algunos casos se vienen a conocer cuando llegan a los servicios de salud porque causan algún tipo de infección o la muerte.
Un día al año para llamar la atención sobre una práctica que perdura en silencio y que constituye una clara violación de los derechos de niñas y mujeres e irrespeto a algunas convenciones internacionales que buscan protegerlos. Un día es poco, pero cada jornada internacional representa un momento para informar y sensibilizar a la sociedad civil sobre temas de derechos fundamentales o salud pública y, eventualmente, movilizar recursos y generar cambios.












