Publicidad

Columnistas
Jueves 19 de marzo de 2026 - 01:00 AM

Las ideas se debaten, la humanidad no

Compartir

Colombia vive una coyuntura electoral inédita por varias razones. Entre ellas, que haya mujeres, personas indígenas y de la diversidad sexual en las fórmulas presidenciales favoritas.

Las identidades importan, y mucho. Todo conocimiento es situado: nuestro género, clase, racialización, pertenencia étnica, orientación sexual o identidad de género moldean la forma en que experimentamos el mundo, y por tanto las ideas de transformaciones sociales que consideramos deseables o necesarias.

No es lo mismo ser una mujer indígena que una blancomestiza; un hombre gay que uno heterosexual; una mujer lesbiana que una que no lo es. Que esta diversidad empiece a reflejarse en la arena política, es histórico y digno de celebración.

Sin embargo, Aida Quilcué es objeto de ataques racistas y clasistas; Juan Daniel Oviedo es ridiculizado por su discapacidad y descalificado por ser abiertamente gay; Paloma Valencia enfrenta comentarios misóginos y gordofóbicos; y Claudia López soporta burlas sobre su expresión de género y orientación sexual.

Esto señala lo mucho que se ha avanzado, y lo que falta por recorrer.

Además, la identidad, por sí sola, no garantiza un cambio. Esta es la diferencia clave entre representación descriptiva y sustantiva:

La descriptiva se limita a quién llega al poder; la sustantiva, a qué se hace con él.

Es decir, ¿realmente defiende esa persona los intereses de las comunidades que dice representar? Polo Polo es un buen ejemplo de esa diferencia, y un caso claro de que llegar al poder es necesario, pero insuficiente.

Lo que no se nos puede olvidar es que la orientación sexual no define la política; que ser mujer o afrodescendiente no determina valores ni propuestas de política pública; y que ninguna de estas identidades califica ni descalifica a nadie para ejercer el poder.

En tiempos de polarización y desinformación, el reto es estar a la altura del ejercicio democrático. Debatamos ideas, propuestas y trayectorias. Pero no caigamos en la trampa de otorgar o restar valor a alguien por su identidad.

Las ideas se pueden discutir hasta el cansancio. La dignidad y la humanidad, no. Y si olvidamos eso, habremos perdido algo mucho más grave que una elección.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día