Cada día hay una nueva rebeldía en relación con las identidades subjetivas, pero para que ella prospere se requiere que no sea normalizada. Una de estas nuevas manifestaciones rebeldes es ser Therian, palabra que designa a una persona que se autodefine como un animal no humano. Por ejemplo, ¿por qué alguien se siente y desea ser tratado como un perro? Es un fenómeno muy complejo, con muchas aristas, pero una de ellas es la fractura de las formas tradicionales de subjetivización (es decir, de las vías normalizadas de cómo llegar a ser un sujeto “normal” en una sociedad), pues muchos creen que destruyendo esas formas tradicionales podrán alcanzar el bienestar que les ha sido esquivo hasta el momento.
Algunos de motivos por lo que ciertas personas buscan estas nuevas identidades pueden ser: 1) Al ser una fractura dentro de una sociedad tan dolorosa como la nuestra, es inmediatamente valorada por parte de quienes buscan el reconocimiento, propio o ajeno, pero no lo han logrado, por lo que culpan, con o sin razón, a las reglas de identidad preestablecidas. 2) Es una fractura que produce escándalo en quienes son considerados el modelo a no seguir, es decir, en los “normales”, lo que refuerza la rebeldía del therian. En cierto sentido, han sido los propios medios de comunicación los que han contribuido a que sea visto como un escándalo, y esto último atrae al que se siente vaciado de sentido. 3) Permite una identidad colectiva, un sentimiento de sentirse parte de algo, que es un asunto que moviliza todas las mentalidades, en especial de quienes se sienten abandonados, incomprendidos o sin un propósito de vida. Estas personas se sienten atraídas por parte de grupos que pueden darles validación y una identidad novedosa basada en un gusto o una finalidad común. 4) Al aparentar ser un animal, hay una huida de las responsabilidades y los deberes propios de una persona. Se busca así disolver la angustia de vivir como un ser humano en una sociedad como la nuestra. Y 5) se cree así que se favorece, paradójicamente, un mandato humano: la libertad, pero, en este caso, un ser humano decide no considerarse ser humano, que es algo así como ejercer la libertad de no asumir las responsabilidades de ser libres.
Se intenta, pues, resolver el malestar presente en nuestra cultura y la continua pérdida de sentido (que, por demás, explica el incremento en nuestra sociedad de varias enfermedades mentales, como la depresión), negando la propia humanidad, mediante este simulacro de libertad que evita el dolor de afrontar que somos humanos y que este mundo será lo que nosotros hagamos de él.
Estamos ante una sociedad vaciada, porque se han perdido con el paso del tiempo los elementos que han dado sentido, para bien o para mal, a la vida propia y a la vida en sociedad. Entonces, si queremos saber la causa de por qué alguien prefiere considerarse un perro que un humano, no hay que indagar solamente en esa persona que cree que esa identidad le dará un sitio en la vida, sino también en una sociedad como la nuestra, agotada en su capacidad de dar un sentido de vida, propia y colectiva, a sus miembros.












