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Columnistas
Jueves 26 de marzo de 2026 - 01:00 AM

¿Quién quiere guerra?

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Cuentan que las guerras no son como dicen, que siempre son peores. Y, quienes deciden las guerras suelen ser distintos a quienes las pelean y padecen.

Las sofisticadas guerras contemporáneas no se libran en campos de batallas delimitados, sino en búnkeres a prueba de todo, desde los cuales se dirigen drones y misiles, y se siguen los resultados de las batallas en pantallas como si fueran videojuegos. Tal como lo advierte el joven Francisco Javier Vera en su red social, denunciando la forma como “el gobierno de Estados Unidos ha estado narrando la guerra contra Irán como si fuera un videojuego”. Lo cual, según él, “no es chistoso ni inocente” sino “muy peligroso” ya que “la propagación de imágenes como esas puede deshumanizarnos ante el dolor de los demás”.

Insensibilización frente a hechos violentos, pérdida de empatía; de esto se trata: lograr una alienación y deshumanización tal que pueda desafiar lo que cantaba Mercedes Sosa en “Solo le pido a Dios” … “que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre … sin haber hecho lo suficiente … que la guerra no me sea indiferente …”

Para no despojarnos de nuestra “humanidad”, que implica empatía al reconocer el sufrimiento ajeno, tenemos que negarnos a mirar el dolor de otro como si fuera un videojuego, una ficción cinematográfica. Porque, otro cuento es lo que pasa en los terrenos de la vida real. Los que padecen los ataques de misiles y drones y sus consecuencias, los que más mueren en las guerras son civiles, niños y niñas, ancianos/as y demás personas como reporteros y trabajadores humanitarios; también combatientes. Mientras los decididores, los Trump, Putin y Netanyahu siguen comiendo pollo, jugando golf y celebrando cada refinería, embarcación o planta nuclear impactada que aparece en sus pantallas.

Estas sofisticadas y ruinosas guerras usan altas tecnologías y ejercen la más alta maldad deshumanizada en ámbitos plurales económicos, comerciales, de producción y abastecimiento. Cortar suministros y matar de hambre a civiles son las nuevas formas de ganar guerras. El derrumbe económico mundial, los daños ambientales fatales en contexto del ya prácticamente irreversible cambio climático y la deshumanización del prójimo son las formas y consecuencias de las guerras del siglo XXI. Cualquier modalidad de guerra con sus masacres y crímenes específicos es un regreso a la barbarie y permanencia de ella que genera desastres humanos, ambientales, económicos, venganzas, dolor y muerte.

Si hay manifestaciones pacifistas, son para apoyar un bando u otro, dejando la eventualidad de guerras buenas. ¿Qué hacer cuando ni marchas ni firmas de peticiones ni la ONU parecen frenar nada? Una opción es volver a la aldea, a lo local, lo posible. Paz y solidaridad en la familia, la vecindad, la ciudad, el país.

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