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Viernes 19 de junio de 2026 - 05:28 PM

A Messi le regalan todo

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“A Messi le regalan todo”. Pocas frases han ganado tanta fuerza en los últimos años como esa. Se repite en redes sociales, en programas deportivos y en cualquier discusión futbolera, especialmente desde que el argentino conquistó en Qatar 2022 el único trofeo que faltaba en su extraordinaria colección: la Copa del Mundo.

Ahora, en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, la sentencia volvió a escucharse.

Lionel Messi, a pocos días de cumplir 39 años, fue la figura absoluta en el triunfo 3-0 de Argentina en su estreno mundialista. Marcó los tres goles de la victoria y alcanzó los 16 tantos de Miroslav Klose, compartiendo con el alemán la cima de los máximos goleadores en la historia de los Mundiales.

Sin embargo, el partido también dejó espacio para la controversia. A los 31 minutos, en un intento por recuperar el balón, Messi impactó con los taches la pantorrilla de un rival. De inmediato surgieron las protestas. Algunos reclamaron una tarjeta amarilla; otros, convencidos de la gravedad de la acción, exigieron la expulsión.

El árbitro decidió no mostrar ninguna tarjeta. La discusión se instaló de inmediato. Analistas arbitrales, exjueces y especialistas revisaron la jugada una y otra vez. La mayoría coincidió en que la acción merecía una amonestación, pero no hubo consenso sobre una eventual tarjeta roja. Para unos, la expulsión era inevitable; para otros, el castigo habría sido excesivo.

Y así, una vez más, reapareció la famosa frase: “A Messi le regalan todo”. Y, pensándolo bien, quizá sea verdad.

A Messi le regalaron una zurda inmortal. Una de esas que aparecen cada varias generaciones. Una zurda capaz de convertir goles desde cualquier distancia y de dibujar pases imposibles entre un bosque de piernas. Una zurda que encontró a Nahuel Molina en los cuartos de final de Qatar 2022 con una asistencia que parecía desafiar la lógica.

A Messi le regalaron la habilidad para gambetear. Desde niño, en las calles de Rosario, parecía tener un pacto secreto con la pelota. Mientras otros corrían detrás de ella, el balón parecía perseguirlo a él. “La tiene atada”, dicen los gauchos, y no hay nada más cercano a la realidad.

A Messi le regalaron la resiliencia. Cuando era apenas un niño dejó su hogar para cruzar el océano en busca de un sueño. Llegó a Barcelona cargando incertidumbres y enfrentando un tratamiento médico para combatir el déficit de la hormona del crecimiento. Más adelante soportó críticas feroces en su propio país. Lo señalaron por las finales perdidas, por las derrotas en las Copas América y por aquella amarga final en el Mundial de Brasil 2014.

Muchos habrían renunciado. Él no.

Persistió. Se levantó una y otra vez. Hasta que, a los 35 años y en su quinta Copa del Mundo, levantó el trofeo que que pone a cada quién en su lugar y a él lo acomodó en el olimpo, justo al lado de Pelé y Maradona. Lo hizo siendo protagonista, con siete goles y tres asistencias, guiando a Argentina hacia la gloria.

A Messi también le regalaron la capacidad de reinventarse. Ya no posee la explosividad de sus primeros años ni aquellas aceleraciones devastadoras que dejaban rivales en el camino. Pero aprendió algo aún más valioso: entender el tiempo del fútbol.

Hoy sabe a la perfección cuándo acelerar y cuándo detenerse. Camina durante largos minutos, observa, analiza y espera. Parece desconectado del juego, hasta que de repente encuentra un espacio invisible para los demás. Entonces recibe la pelota y el partido cambia.

Porque mientras otros corren más y se basan en lo físico, él comprende mejor y deja lecciones de que la técnica, en este deporte, siempre será determinante. Lee los movimientos antes de que ocurran. Interpreta los espacios antes de que aparezcan. Descifra el juego unos segundos antes que el resto.

Y cuando llega ese instante decisivo, elige siempre la mejor solución: una gambeta, un remate, una pared, un pase imposible o simplemente una pausa que ordena todo a su alrededor.

Por eso, tal vez tengan razón quienes dicen que a Messi le regalan todo. Le regalaron talento, le regalaron visión, le regalaron carácter, le regalaron perseverancia, le regalaron una comprensión única del juego y le regalaron ese liderazgo que no se mide en palabras, sino en ejemplo, dentro y fuera del campo.

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