Publicado por: Carlos Gómez
Existe, innegablemente, una sensible tensión entre ética cristiana y ética civil. La comprensión de la ética cristiana en los contextos aparentemente secularizados está más allá de la interpretación dogmática o autista de sus valores, es decir, en el constante despliegue efectivo de sus apuestas y en la actualización de su pertinencia en ambientes que, como nunca, son heterogéneos e incluso hostiles.
Sin embargo, hay en este camino otras tensiones cuyas visiones no son tan pragmáticamente atendidas y que mantienen antagonismos profundos, permeados por lo que podríamos llamar tradiciones morales que requieren de una re conceptualización.
Así, en algunas preguntas actuales la urgencia no está en buscar una reconciliación sino, fundamentalmente, en establecer un diálogo que facilite su comprensión: Por ejemplo, ¿Cómo dialoga la protección de la vida –principio cristiano y base también de derechos constitucionales– con las causas selectivas del aborto fundadas en actos delictivos o riesgos hacia la vida de la madre?, ¿ómo comprendemos la complejidad del valor de la justicia, que –entre las relaciones civiles de derechos y deberes, y las relaciones de gratuidad, misericordia y comunión– tiene que enfrentarse a asuntos como el reconocimiento de derechos a comunidades marginadas, a la mujer, o derechos conyugales a parejas del mismo sexo?c Ética cristiana y ética civil son esferas autónomas que pueden y deben dialogar.
Estos temas son muy sensibles, especialmente en la educación católica, y no pueden evadirse ni volverse solo propuestas dogmáticas. El diálogo permanente de fe, ética y razón -otra tensión viva- es el escenario donde se puede enriquecer la propuesta cristiana en diálogo con los contextos actuales. No se trata de un “relativismo práctico” ni tampoco de un “relativismo doctrinal”, tal como lo define Francisco en “Evangelii Gaudium”; por el contrario, es precisa la aceptación de los referentes de la ley natural y la verdad revelada, que ponen en contexto las realidades sin dar, por eso, prioridad a las conveniencias circunstanciales.
Las tensiones entre la ética cristiana y la civil están en el corazón de la capacidad de la Iglesia de comprender las posibilidades que tiene de incidir en la construcción y cuidado del presente y futuro de la sociedad.
Imposible imponer la perspectiva cristiana en un país laico, como tampoco claudicar. La ética cristiana ha de ser propuesta, no impuesta.









