Opinión de Felipe Zarruk.
El sábado pasado recibí un lacónico mensaje desde el chat de WhatsApp que he tenido hace 4 años con el doctor José Emilio Bareiro zaguero central paraguayo, quien en 1975 llegó al Atlético Bucaramanga en compañía de sus paisanos Venancio Zelaya y Atilio López Jr. Al escucharlo noté que no era la voz del ‘Pato’ si no la de su hijo José Fernando quien me informaba acerca del fallecimiento de su padre.
¡No supe ni dónde me quedé! Hacía un par de días había hablado con él gracias a la columna que salió publicada en Vanguardia dedicada a Víctor Pignanelli, quien fue su técnico desde 1975 hasta 1977 cuando el estratega uruguayo se fue y le dejó el puesto al argentino Ricardo Pegnotti, quien terminó clasificando al Atlético Bucaramanga al hexagonal de ese año. El central paraguayo me envió un recorte de Vanguardia Liberal y en el mismo le dedicaba la clasificación a don Víctor, su antiguo técnico. Fue la última vez que escuché su voz, la voz de un gran ser humano quien jugó en Nacional de Paraguay, Atlético Bucaramanga y Deportivo Táchira entre otros. Aquí en nuestra ciudad estudió Derecho en la Universidad Santo Tomás y culminó sus estudios en Pedro Juan Caballero, una ciudad al noroeste de su país y por muchos años hasta su deceso, trabajó con el poder judicial de manera impecable.
Tuvo una novia bumanguesa, la bella Amalia Pinilla, vecina del barrio San Pío, la cual vivía en la carrera 34 entre calles 47 y 48. Ella era hermana de mi compañero de colegio José Fernando Pinilla Serrano; el ‘Pato’ Bareiro me confesó un día que a uno de sus hijos, precisamente el que me llamó para darme la noticia de su partida, lo bautizó con el nombre de su excuñado. Un pedacito de su corazón quedó amarrado en nuestra ciudad para siempre.
No siendo suficiente con las lágrimas que habían brotado de nuestros ojos, hace 4 días nos sorprendió de nuevo otra noticia con la sensible partida de Ricardo ‘Pitirri’ Salazar, un extraordinario volante diez, hijo de nuestro terruño y quien se crió junto a sus 12 hermanos en el barrio La Concordia. ‘Pitirri’ fue jugador de las reservas del Atlético Bucaramanga al lado de Fabio Gordillo, Aquiles Ardila, ‘Chucho’ Suárez, ‘Bombi’ Arias, Hugo Perdomo, ‘Marrana’ Castro, Eusebio Vera Lima, ‘Chiqui’ Triana, ‘Muñeca’ Londoño, Mario Peralta y Juanito Riveros entre otros. Con Rubén Darío Londoño y con ‘Polo’ Gómez la volvían un corozo, no se la prestaban a nadie. Algún día le preguntaron a ‘Cuca’ Aceros que quién marcaba en ese equipo y ‘Cuca’ le respondió: “¿Y quién les quita el balón?”
Ricardo estudió Economía en la UCC y caminó por varios equipos del rentado colombiano, entre esos Cali, Millonarios, Santa Fe, entrenó con el Cúcuta, pero nunca jugó y se retiró del fútbol vistiendo la camiseta del Quindío. En 1984 arrancó como titular del onceno dirigido por ‘Cuca’ Aceros formando un mediocampo de lujo al lado de ‘Pitula’ Hernández, Óscar Muñoz y ‘Nene’ Díaz. Luego desapareció de la formación, pero de su pierna izquierda siempre salían balones para surtir a una delantera maravillosa. Era elegante y exquisito en el manejo de la pelota, igual que un señor a carta cabal fuera de las canchas. Dos aves batieron sus alas y volarán en otra dimensión, seguramente se deben haber encontrado con una nómina fantástica que los estaba esperando en el vestuario celestial. Allí lucirán su uniforme, la camiseta amarilla, la pantaloneta verde y de paso estarán alentando con el corazón a un equipo que busca un título. ‘Pato’ y ‘Pitirri’: ustedes que vuelan, ¡bajen esa estrella de una vez por todas!













