Hay muchos ejemplos de dictadores en Latinoamérica. Otro muy famoso fue el chileno Augusto Pinochet, quien subió al poder a reemplazar al presidente socialista Salvador Allende.

Por mis dificultades de visión, he tenido que reducir el tiempo que dedico a la lectura y explorar nuevas actividades. Mi esposa y mis hijas me han recomendado series de televisión que nunca me habían interesado, pero ahora descubrí una muy interesante en History Channel 2: “Cazadores de Dictadores”.
Según la RAE “dictador” es la “persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos y, apoyada en fuerza, los ejerce sin limitación jurídica” o la “persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás”. En la mencionada serie de televisión presentan personajes como Hitler, Stalin, Kim II Sung, y de Latinoamérica, Rafael Trujillo y Fidel Castro. Para poder ejercer el control, esos dictadores se han apoyado en prácticas como la persecución de la oposición, la censura de medios de comunicación, desinformación, regímenes de miedo, falta de libertades civiles, permanencia ilimitada en el poder y culto a la personalidad entre otras. Estas prácticas varían dependiendo del régimen, pero en general, el abuso de poder, la corrupción y la represión son comunes en las dictaduras.
Profundizando en el tema de la política latinoamericana del siglo XX, recuerdo en primer lugar, al dictador de Cuba, Fulgencio Batista. Militar y político cubano que gobernó primero como presidente electo y tras un golpe de estado, como dictador. Su gobierno estuvo muy relacionado con Estados Unidos, país que veía a Batista como un aliado estratégico. Durante su dictadura “se suprimieron libertades civiles y políticas utilizando la violencia para silenciar a la oposición”. Posiblemente Batista no sería mencionado hoy si en el año 1959 no hubiera sido derrocado por la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, que transformó la política y la sociedad cubana, implantando un sistema socialista que aún permanece. Inicialmente Castro fue visto, especialmente por los jóvenes (me incluyo), como un revolucionario con promesas de justicia social, pero ya consolidado en el poder y con el fin de mantenerlo, su gobierno mudó a la represión a sus contradictores, la censura a los medios de comunicación y la violación a los derechos humanos.

Hay muchos ejemplos de dictadores en Latinoamérica. Otro muy famoso fue el chileno Augusto Pinochet, quien subió al poder a reemplazar al presidente socialista Salvador Allende. Tras el golpe de estado de 1973, Pinochet gobernó hasta 1990 con brutalidad, represión y censura de medios de comunicación, y nunca fue juzgado, ni condenado: dejó el poder por un plebiscito nacional que decidió la transición a la democracia en el país. Y en el caso de Colombia está el General Gustavo Rojas Pinilla, militar que subió al poder en 1953, después de un golpe de estado que ocupó el vacío que había dejado el convaleciente presidente Laureano Gómez. Inicialmente el general Rojas fue bien recibido por todos los sectores sociales que vieron en él una oportunidad para el cambio, pero luego, con el régimen autoritario instaurado, su gobierno generó un descontento generalizado que finalizó con su renuncia. Durante su gobierno el General implanto políticas de modernización y desarrollo económico que fueron ensombrecidas por la consabida represión de sus opositores, la censura de medios de comunicación y la violencia para mantener el control.
Diferentes países, diferentes épocas, diferentes orientaciones políticas, pero son exactamente las mismas señales (¡idénticas!) que estoy viendo en las noticias de todos los días y que por supuesto me preocupan: Persecución a la oposición, descalificación de los medios de información, abuso de poder, corrupción, desinstitucionalización, culto a la personalidad, aferramiento en el poder, etc.











