Todos sabemos que a Uribe poco le gusta perder y parece que la forma positiva en que Hugo Chávez y Rafael Correa recibieron la invitación a la posesión de Juan Manuel Santos, lo tiene fuera de casillas. No olvidemos que la nueva canciller, María Ángela Holguín, polemizó con Uribe y tuvo que dejar su gobierno cuando se negó a dar posada en la nómina diplomática del país a un grupo alto de inútiles familiares de amigos del presidente.
Publicado por: Jairo Alfonso Martínez Gómez
Por eso la desapacible declaración del saliente mandatario -de que no podíamos ceder ante la diplomacia meliflua y babosa de los vecinos-, sonó a saboteo de una rápida y efectiva campaña de Holguín y Santos en favor de la recuperación de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela y Ecuador. Luego, María Ángela confirmó que habían sido formalmente invitados a la posesión a lo que, las respuestas que se oyeron del otro lado de las fronteras fueron bastante cordiales.Esto desquició al saliente presidente que ha despotricado contra esas actitudes conciliadoras y en los últimos tres días se vino con verdaderas cargas de profundidad contra los vecinos, pero sobre todo contra el gobierno de Santos, al hacer una profusa denuncia con mucho recurso audio visual y poca prudencia, en el sentido de que las cabezas de las Farc están en Venezuela.En pocas palabras, cuando medio país esperaba por el momento en que Santos traicionara a Uribe, resultó que más temprano que cualquier cosa, Uribe traicionó a Santos y lo puso a saltar matones de dinamita en una frontera como la venezolana por la que, entre otras cosas, pasaban centenares de productos santandereanos y contribuía de manera significativa con el empleo y el desarrollo de la mediana y pequeña empresa de Bucaramanga y el área metropolitana.Es insólito ver a un presidente saliente acosar y sabotear la política internacional del presidente entrante, sobre todo cuando éste ha sido su candidato, o confirmamos que el candidato de Uribe sí era uribito y que las decisiones de Santos significan una rápida y clara distancia al menos del estilo pendenciero, prejuicioso, camorrero y excluyente con el que Uribe dividió y enfrentó a los colombianos entre sí y a Colombia con sus vecinos.Una pregunta final: ¿lo de los cabecillas de las Farc no hubiera sido mejor tratarlo entre la escuadra y el compás, en Casa de Nariño, en la reunión de Santos, Chávez y Correa después de la posesión y, de pronto, cazarlos sin que se lo esperaran?











