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Jairo Martínez
Sábado 07 de agosto de 2010 - 10:00 AM

Llegó el día, llegó

Llegó el día que hasta hace apenas seis meses era impensable, el día en que millones de compatriotas se darán cuenta de que Colombia sí puede sobrevivir sin dictadura, el día en que las tenebrosas mafias saldrán por los sótanos y las alcantarillas del palacio presidencial, el día en que Dios dejará de ser muñeco de trapo de los hampones que en Su nombre justificaban todos los crímenes y todas las violaciones a las normas, a las leyes, a la Constitución Nacional.

Publicado por: Jairo Alfonso Martínez Gómez

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Llegó el día en que en Colombia la muerte y el miedo dejarán de ser políticas de Estado y ojalá que nunca más tengamos un gobierno que pague recompensas por cortar manos, aserrar cuerpos, decapitar y asesinar a los jóvenes del pueblo. Llegó el día, espero, en que los bienes que aún le quedan al país dejen de negociarse en ventorrillo de culebrero paisa, para provecho de unos pocos, muy pocos, y regresen a conformar el patrimonio nacional. Llegó el día en que los estudiantes dejen de ser vistos, y tratados, como sapos o ratas, y pasen de nuevo a considerarse como la mayor riqueza y la más viva esperanza del país.

Llegó el día en que nuestros representantes en el exterior dejen de ser los jefes de las más peligrosas bandas criminales o los ex ministros que reparten puestos y notarías para que sus beneficiarios cambien convenientes 'articulitos' de la Constitución. Llegó el día, espero, en que los delitos no se premien, en que los hijos del presidente dejen de hacerse multimillonarios a nuestras expensas, en que los ministros y altos funcionarios del gobierno sean personas íntegras, capaces, y no una serie de mercachifles.

Llegó el día de agradecerle su firmeza a la Corte Suprema de Justicia y a la Corte Constitucional que, bajo todos los fuegos, chuzadas e irrespetos, mantuvieron en alto la dignidad de la justicia, la prevalencia constitucional y salvaron a Colombia, y a la región, de haber caído en la versión criolla del nazismo. Llegó el día de lamentar la idiotez de un nuevo presidente que nomina como 'segundo libertador' al que entregó el país a los gringos para que instalen aquí, sin Dios ni ley, unas bases militares para hacerle el juego a una guerra que no necesitamos.

Llegó el día de sentarnos frente al televisor a gozarnos la ida de Uribe. Será un momento sublime, una dicha, la única felicidad que embargará nuestros corazones en estos últimos ocho años. Todos están invitados a la rumba.

 

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