Publicado por: Jairo Martinez
Orlando Beltrán Quesada, ambientalista de todas las horas y defensor incansable de los animales, denunció que Alfonso Dueñas Núñez, párroco de la iglesia ‘San Martín de Porres’ del barrio Kennedy en Bucaramanga, se ha dado a la diabólica tarea de perseguir, matar y desaparecer a los gatos que rondan los jardines de su palacete eclesiástico. “Hasta una gatica fue quemada con ácido en el cuerpo y en los ojos”, declaró Beltrán en entrevista concedida a Blu Radio.
¿Qué clase de salvación, de expiación a sus pecados, de limpieza a sus impuras almas pueden esperar los pecadores que siguen a tan despiadado pastor de la iglesia de Francisco? ¿Habrán aprendido que es de elegidos matar o herir de manera terrible, sin defensa posible, a un ser puro de la naturaleza como lo es un gato? ¿Qué clase de horrendo cielo les espera a estos cristianos? ¿Qué clase de iglesia es esta que permite a sus ministros cometer actos tan atroces?
Es, además, una paradoja que este cura gobierne la parroquia de ‘San Martín de Porres’, el fraile peruano que se distinguió precisamente por todo lo contrario: proteger, cuidar y amar a los animales. Cuentan sus biógrafos que Fray Martín muchas veces los alimentaba y curaba con máxima delicadeza de sus heridas o enfermedades, porque, decía este santo, “amar a los animales es amar a Dios en su creación”.
No creo que el cura Dueñas aspire a ser parte del santoral del almanaque Bristol pero sí me parece importante, para no seguir este ejemplo, que los fieles de esta y todas las demás parroquias conozcan un pequeño aparte de los documentos del proceso de beatificación de Fray Martín que dice: “se ocupaba en cuidar y alimentar no sólo a los pobres sino también a los perros, a los gatos, a los ratones y demás animalejos, y se esforzaba para poner paz no sólo entre las personas sino también entre perros y gatos, y entre gatos y ratones, instaurando pactos de no agresión y promesas de recíproco respeto”.
¡El arzobispo tiene la palabra!











