Publicado por: Jairo Martinez
Luego de muchos años, 53 para ser exactos, la guerra con las Farc llegó a su fin y los colombianos, desde los más escépticos hasta los eternos soñadores, empezamos a percibir un país distinto, una patria mejor.
La oscura nube de miedo que siempre nos cubrió comienza a disiparse y a convertir la oscuridad en luz, la muerte en vida y el temor en esperanza cierta de convivencia, de movimiento y de libertad. Ya no nos asusta la próxima curva del camino, ni salir a pasear por las montañas y en nuestros fértiles campos el mortecino aroma de la pólvora comienza a ser reemplazado por el olor a fresas y moras.
Llevamos dos años sin que en ningún pueblo se presente un ataque de las Farc, sin lamentar la muerte de inocentes hombres, mujeres o niños, como tantas veces ocurrió en el pasado. De acuerdo con nuestras macabras cifras estadísticas, en este tiempo, y por la suspensión de los enfrentamientos armados, se salvaron de morir dos mil 500 colombianos, entre campesinos, estudiantes, amas de casa, soldados, policías y socios de clubes como El Nogal.
En estos dos últimos años la guerrilla no solo dejó de sembrar las minas quiebra patas, que tantos muertos y mutilados dejó por todo nuestro territorio, sino que se han desactivado 30 mil de ellas, evitando un sinnúmero de desgracias en el futuro.
Todos estos actos de paz, reales y serios, desembocaron en hechos que nos hacen felices, como el del Hospital Militar, entidad que otrora no daba abasto para atender a las víctimas del conflicto y donde ya no queda ningún soldado ni policía herido.
Para terminar, esta semana, ante la ONU y veedores internacionales como los expresidentes Pepe Mujica y Felipe González, las FARC completaron la entrega del 60% de su armamento y en los próximos días llegarán al 100%.
Sigo soñando y me hace feliz ver lo que viene para Colombia: un país en paz, no en guerra; un país donde reina la verdad, no la mentira y un país donde se privilegie la vida, no la muerte.










