Columna de opinión de Luis Ernesto Ruiz

A mis pacientes lectores, disculpas por haberme equivocado en el apellido de Carlos Ramón González. No le puedo echar la culpa al computador, con sus rápidos cambios en la ortografía. Sin esto serían muchos los errores o más bien horrores en mis artículos. Tal vez ocurrió por los repasos que hacía sobre el nacimiento del M-19 donde el ministro Noriega salió varias veces a bailar.
También recordé a Carlos Ramón, de una casualidad de haberlo conocido allá por los 90 cuando yo participaba activamente en la política regional, donde había mucha movilidad en ella, y una vez que utilizábamos un helicóptero (no como el que utiliza nuestra vicepresidenta) y éste tenía que regresar a su base en Bogotá, al que yo me pegué y al que subimos un pato. No alcanzo a recordar donde lo dejamos, en una zona rural entre Santander o Boyacá, donde nuestro joven pasajero tenía que encontrarse con una columna del M-19 en camino de la desmovilización y en la cual el señor Carlos Ramón González se incorporaba. Terminé en Bogotá ‘gorreando’ transporte como nuestro pasajero. Debemos tomarnos un tinto para recordar el pasado.
Y echando mano a los recuerdos. Una vez compartí silla con Carlos Toledo Plata. Él venía de cumplir tarea en el Congreso de la República y, saliendo del DC 3 en el aeropuerto Gómez Niño de Bucaramanga, me invitó a participar en algo que él llamó: “La Anapo del Silencio”. Yo le dije que no, porque era un ferviente liberal. De la que me salve. Por la política y porque visitábamos mucho su consultorio, por los zapatos especiales que tenía que usar nuestro pequeño hijo, yo le tenía respeto y aprecio.
Tengo recuerdos que compartir con personajes del M-19 en la captura del hijo de nuestro profesor Velandia en el colegio Santander y la de los sucesos posteriores al asesinato de Carlos Toledo Plata en la Clínica La Merced, hecho que lamentamos muchos porque él estaba muy interesado en encontrar la paz y la desmovilización del M-19. Muchos comentarios hubo de las causas en su sorpresiva muerte.
Hay muchos sucesos y razones ocultas, como la muerte de Jaime Bateman Cayón en un accidente aéreo el 8 abril 1983 en una avioneta que se estrelló en las montañas del Darién, seguramente con mucho dinero, porque Bateman realizó muchas operaciones como la toma de la Embajada de la República Dominicana, el secuestro del exministro Ferreira Neira, la toma y saqueo en Mocoa, así como el secuestro de Martha Nieves Ochoa y la retención de periodistas y aviones: todo esto les dio mucho dinero.
Hay temas para tratar más tarde sobre los intereses económicos del M-19, que Petro los desmiente, pero otros confirman, no solo del pasado, sino del presente también.












