Publicado por: Omar Rangel
Colombia cierra el año con cifras económicas muy importantes. El PIB creció el 7,7% en el tercer trimestre del 2011, jalonado por el fenómeno minero que tuvo una variación del 18,4%; y, de acuerdo a cifras oficiales, la inversión extranjera en nuestro país alcanzó 10.821 millones de dólares entre enero y septiembre del mismo año, superando ampliamente la meta de 2011. Colombia parece al fin en sintonía con el fenómeno latinoamericano liderado por Brasil y Chile, falta ver qué papel jugará el Gobierno para encauzar la bonanza como lo hicieron nuestros vecinos y traducirla en oportunidades para el mayor número de colombianos.
Está claro que el crecimiento económico sostenido es indispensable para desarrollar una sociedad, pero también es claro que no se puede superar la pobreza si no se le da igual importancia a la redistribución del ingreso. En este sentido es pertinente hacer una comparación entre Brasil y Colombia, el primero acaba de superar a Inglaterra y es ahora la sexta economía del mundo. Mientras en Brasil se hacen enormes esfuerzos por acabar la pobreza y darle mejores oportunidades a los menos favorecidos por vía de la educación a la que recientemente se le dobló el presupuesto, en Colombia se trata de hacer reformas educativas de manera improvisada, olvidando que sin una base social las bonanzas son flor de un día.
Otro aspecto que no se puede pasar por alto es que el crecimiento que nos proyecta como un importante actor en el escenario latinoamericano es promovido por la explotación minera. Está explotación debe ser orientada bajo un marco legal que nos permita crecer pero de manera sostenible y respetuosa del medio ambiente, de lo contario se corre el riesgo de caer en una trampa. En el afán de arrancar menospreciamos nuestros recursos hídricos y biodiversidad, que son los que al cabo de unos años nos pueden dar una verdadera ventaja competitiva.
El reto de Colombia es grande, cosas muy buenas están pasando con nuestra economía pero a varios aspectos hace falta aún darles un enfoque distinto. Con una política cada vez más inmediatista, en la que sólo se juzga positivamente a quienes bajan las tasas de desempleo o mejoran los indicadores económicos, es difícil ir más allá y hablar de distribución del ingreso o de explotación sostenible. Esperemos que el Gobierno Santos trace su rumbo en este sentido.










