Columna de opinión de Puno Ardila Amaya

El Festivalito Ruitoqueño de música colombiana desempeña un papel crucial en la preservación y la promoción de las manifestaciones culturales más significativas de la región. Como plataforma cultural de artistas tradicionales y de nuevos talentos, es único en su género en el país. Declarado patrimonio cultural de Santander y patrimonio cultural de Floridablanca, hoy está a punto de morir por cuenta de la desidia de entidades cuyas misiones culturales son, precisamente, sus principales beneficiarias: Mincultura y los gobiernos departamental y municipales que, como abiertamente lo expresó el hoy exalcalde Juan Carlos Cárdenas, lo único que les merece el apoyo estatal son las cumbias peruanas, esa adaptación caricaturesca del emblema rítmico de nuestra costa Atlántica.
El Ministerio de Cultura, con excepciones interesantes, como los festivales Vallenato y de Teatro, a veces aporta cualquier cosa, una miseria, casi como un chiste, que representa dos o tres por ciento del presupuesto, y pide informes y documentos como si hubiera aportado miles de millones. Pero hace años que no se le ve ni en las curvas.
La Gobernación (que pone a secretarios de cultura como premios de consolación politiquera, ignorantes de lo cultural y sí con otras intenciones non sanctas, como una tristemente célebre fulana del gobierno anterior, que solo buscaba clavar la uña a lo que se pudiera) se ha dejado ver con cifras cercanas al cinco por ciento: quince millones, que se convierten en doce por cuenta de estampillas y trámites.
Y los municipios brillan por su ausencia; ni Bucaramanga, el mayor beneficiario del Festivalito; mucho menos Floridablanca, y eso que tiene al Festivalito como uno de sus patrimonios culturales. Ni un peso. La plata va para las cumbias y otras manifestaciones que poco o nada tienen que ver con nuestra identidad.
La taquilla podría servir como paliativo económico, pero debe tenerse en cuenta que el aporte de esa minoría que todavía hoy reconoce espectáculos con alto valor cultural no alcanza siquiera —a lo sumo— a la décima parte de los costos de una actividad de este nivel.
Puesto que se trata de una actividad netamente cultural, de divulgación y promoción musical colombiana, es responsabilidad de estos gobiernos que pueda continuar este proceso que cumple treinta y cuatro años, que ha beneficiado a miles de niños, jóvenes y adultos; que ha motivado y fortalecido el trabajo de facultades de música, de academias particulares y de agrupaciones que se organizan para mostrar un trabajo que no puede pensarse para ningún otro escenario: ni ferias, ni aniversarios municipales, ni celebraciones, ni —mucho menos— manifestaciones políticas.
Mensæ tegumentum. Por cierto, apoye la música colombiana: asista al Festivalito Ruitoqueño en Cenfer los días 17 y 18 de agosto de 2024 desde las dos de la tarde.












