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Editorial
Miércoles 06 de marzo de 2019 - 12:00 AM

La interminable lista de “elefantes blancos” en Santander

Publicado por: Redaccion Editorial

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El pasado domingo, este medio publicó un completo informe sobre ocho proyectos de infraestructura que, a pesar de multimillonarias inversiones, hoy no prestan ningún servicio. Algunos de estos “elefantes blancos” completan más de cinco años en el abandono o a la espera de adiciones presupuestales que no llegan y sin cronogramas que vislumbren su puesta en funcionamiento. Estos monumentos a la desidia administrativa les han costado a los santandereanos $347 mil millones.

En las obras presentadas por este medio hay casos dramáticos, como el colegio Villas de San Ignacio, en el norte de Bucaramanga, que debía atender a 1.300 alumnos y que tras ser inaugurado en 2013, fue cerrado un año después, porque fue construido en una falla geológica que generó grietas y desplazamientos en la edificación. Desde entonces el megacolegio está abandonado.

Otro caso emblemático es el de la Biblioteca Gabriel García Márquez, en Girón, que fue inaugurada con bombos y platillos en octubre del 2018, pero a la fecha no tiene un solo libro. O el de seis centros de salud en Piedecuesta, que tras una inversión de más de $4.000 millones y ser terminados con una dotación mínima en el 2015, están abandonados, porque no se puede nombrar personal médico, ya que en Piedecuesta no hay Secretaría de Salud. ¿Tiene esto alguna lógica?

Pero la lista de obras inacabadas que le han costado a los ciudadanos miles de millones de pesos es mucho más extensa: el Portal Metrolínea de Papi Quiero Piña, la Universidad del Pueblo, la Clínica Materno Infantil de Floridablanca, el Centro Cultural y Recreativo de la Cumbre, los acueductos, alcantarillados, hospitales y centros de salud a lo largo y ancho de Santander que jamás entraron en funcionamiento, al igual que los polideportivos... la lista sería interminable.

La falta de planeación, la ausencia de estudios previos, la ejecución con recursos de baja calidad, el cambio en los diseños, etc, que acompañan a estas obras son el cáncer que sigue erosionando la contratación pública y que solo tiene un nombre: corrupción.

Los santandereanos deberíamos saber quiénes se han enriquecido a través de estas contrataciones, y aunque a veces parece una ilusión esperarlo, es necesario pedir a las autoridades severas sanciones a estos gobernantes y contratistas que de forma constante se han robado al departamento.

Publicado por: Redaccion Editorial

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