Publicidad

Editorial
Sábado 09 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Estilo propio en el Vaticano

Publicado por: Editorial

Compartir

U año ha transcurrido desde que se anunció al mundo la escogencia del nuevo papa, León XIV, hecho que mostró la preferencia de la mayoría de los cardenales por continuar un movimiento que se ha dado al interior de la Iglesia hacia una institución más amplia, más enfocada en el pluralismo que en el dogmatismo; es decir, la confirmación de una intención de actualización del lenguaje eclesial.

Es posible que en esta decisión pesara la herencia de Francisco, quien adelantó un pontificado de gestos humildes, de diálogo abierto, de posiciones políticas y con un peso histórico tan contundente que su sucesor podría seguir al pie de la letra en sus actos e ideas, pero León XIV lo que ha hecho es reinterpretar a Francisco, adquiriendo una identidad propia y manteniendo la línea de esta nueva Iglesia con un pontificado menos emocional y más estructurado, menos apasionado y más medido en su vehemencia.

León XIV ha entendido que la Iglesia no puede sobrevivir en el aislamiento en que estuvo hasta Juan Pablo II y que debía mantener disponibles las puertas que abrió Francisco; entendió que era necesario abrir el compás de los preceptos y fortalecer la doble vía en el diálogo de la Iglesia con sus feligreses.

La pluralidad y la tolerancia, por ejemplo, han encontrado en León XIV un protagonista sorprendente, pues ha sido capaz de expresar con sus palabras y su ejemplo que el Espíritu Santo habita también en las conciencias discrepantes. Durante este primer año, el Papa ha evitado las condenas frontales a quienes piensan distinto dentro del rebaño y, en su lugar, ha privilegiado el diálogo paciente, la exhortación respetuosa, la invitación a caminar juntos aun sin pleno acuerdo.

León XIV ha mirado con ojos serenos los cambios en la familia, las reconfiguraciones sociales, las demandas de igualdad que emergen desde todas partes; además, sin aspavientos y con firmeza, ha recordado que la misión de la Iglesia no es juzgar al mundo, sino ofrecerle un sentido dentro del marco de la libertad.

El primer año de su pontificado nos muestra a un papa que sabe que pasar del dogmatismo monolítico a una pastoral de las mediaciones implica resistir las presiones tanto de los conservadores como de los progresistas impacientes. Quizás esta dualidad le ha dado un ritmo pausado, pero una dirección clara hacia una Iglesia que mira hacia todos los tiempos, pero que debe poner los pies en el siglo XXI.

Cuando León XIV señala una “paz desarmada y desarmante”, no solo desafía a los críticos de su papado, sino también a quienes creen que la fe debe dictar recetas únicas para problemas diversos. Con su estilo mesurado y prudente, está reconstruyendo la autoridad papal sobre bases menos piramidales y más sinodales. Y eso es, en el fondo, fortalecer el ecumenismo y democratizar la palabra.

León XIV está reinterpretando la tradición como una nueva fortaleza para la Iglesia, al recuperar ciertos símbolos ceremoniales con los que quiere afirmar que la belleza del rito puede convivir con la apertura mental, que lo viejo y lo nuevo no se excluyen cuando la meta está clara en el horizonte. Por eso, su pontificado, aunque comienza a tomar una identidad propia, no niega ni repite banalmente a su antecesor, sino que toma de su fuente una idea audaz de dirección y la lleva a nuevas interpretaciones de la misión eclesial.

Al cumplirse este primer año, queda claro que la Iglesia de León XIV está en proceso de aprender un nuevo idioma: el de la pluralidad no forzada, de la tolerancia razonada, de la apertura sin ingenuidad. No todo está resuelto, ni mucho menos, pero el compás se ha ensanchado, y eso permite respirar a millones de católicos que se sentían ahogados entre castigos y silencios.

Publicado por: Editorial

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día