Alejandra M’Cormick Carrillo logró que su historia fuera incluida en la Antología de Cuentos Encantados II, tras participar en una convocatoria internacional que promueve relatos de fantasía con valores.

La literatura infantil, esa que muchas veces se asocia con la fantasía y la imaginación, también puede convertirse en un espacio para resistir el ritmo acelerado de la vida cotidiana.
Así lo entiende Alejandra M’Cormick Carrillo, una joven escritora santandereana que recientemente fue seleccionada como finalista en un concurso internacional de cuento y logró que su historia fuera incluida en el libro Antología de Cuentos Encantados II, de la editorial Pájaros de Papel.
Alejandra participó en una convocatoria que buscaba a quienes contaran historias apelando a la magia. “Me inspiró mucho que eran cuentos de fantasía… que tenían que tener valores; siempre me ha gustado ese tipo de cuentos, entonces me pareció una idea superlinda, además porque son cuentos que nos ayudan a aprender y a soñar”, explicó.

El proceso lleva impresa su historia como lectora. Desde pequeña ha estado rodeada de relatos, personajes y mundos imaginarios que, con el tiempo, terminaron por convertirse en un cúmulo de ideas para su propia historia.
Cada uno de ellos, añade, representa valores fundamentales dentro de la historia y también en la vida cotidiana. “Fueron una parte muy importante en mi vida porque con ellos crecí prácticamente”, afirmó.
Alejandra recuerda que desde muy pequeña estuvo rodeada de libros, especialmente aquellos vinculados con animales y magia, y que su familia fue clave en ese acercamiento.
“De chiquita me encantaban los libros de animalitos, de magia. Mi mamá también me leía mucho; en mi familia me inculcaron ese hábito y me sirvió mucho para poder ser lo que soy ahora”, añadió Alejandra M’Cormick Carrillo.

Escribir para no dejar de creer
Esta joven escritora fue una de las colombianas seleccionadas y ganadora del “honor”, en sus palabras, de que su cuento fuera incluido por primera vez en un libro físico.
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“Me sentí muy emocionada, muy orgullosa de mí… no me lo creía. Me sentí muy orgullosa de dejar el nombre de mi país en alto… de Santander”, agregó.
Sumado al reconocimiento, a Alejandra la invade la emoción de llegar con su historia a nuevos lectores. Escribió su cuento pensando en que niños y adultos puedan disfrutarlo y desconectarse de las preocupaciones diarias que tienden a ‘apagar’ la imaginación.
“No dejen de creer... Lamentablemente nos vemos muy envueltos en el estrés, las cosas tristes que pasan y no queda tiempo para nada más, para pensar en cosas que nos pueden hacer felices. No dejemos de soñar ni de creer, sigamos imaginando nuevos mundos”, insistió Alejandra.

Para ella, la literatura es un espacio que permite salir de la rutina y reconectarse con aquello que produce bienestar. Y ahora, desde el proceso editorial, pudo conocer lo que ocurre detrás de la publicación: correcciones, organización y trabajo colectivo. “Fue una experiencia muy gratificante… pude ver el detrás de cámaras”.
De cara al futuro, Alejandra proyecta seguir escribiendo para distintos públicos y explorar nuevos temas. Su propósito es publicar y generar un impacto en quienes la leen. “La lectura es un espacio seguro… donde puedes ser tú mismo”, afirma.














