Juan Daniel Oviedo, exdirector del Dane y actual precandidato presidencial, visitó Bucaramanga y conversó con Melissa García, directora de Vanguardia sobre su visión de país, la importancia de la salud mental, la inclusión de las diversidades y los retos económicos que enfrenta Colombia.
Publicado por: REDACION POLITICA
Juan Daniel Oviedo, economista, exdirector del Dane, exconcejal, excandidato a la alcaldía de Bogotá y hoy precandidato a la presidencia, es uno de esos pocos técnicos que supo convertir la frialdad de las cifras en relatos humanos que calaron en el corazón de la opinión pública.
Pero si algo tiene claro es que no quiere que lo recuerden solo por los cargos que ha ocupado. “El país quedó, después de la pandemia, con una nueva forma de vida, una crisis en empleo, pobreza, salud mental y violencia intrafamiliar. Mi papel era explicar, hacer sentir a la gente que había alguien midiendo y diciendo la verdad”, dice en conversación con Melissa García, directora de Vanguardia, para el pódcast EnOff, mientras recorre Bucaramanga recogiendo firmas para formalizar su candidatura.
Hijo de padre santandereano (“de Málaga, aunque no estuvo tan presente”, recuerda con honestidad), Oviedo encarna ese relato del joven disciplinado que le apostó al estudio como antídoto frente al matoneo escolar y a las dificultades de la vida cotidiana. Su acento bogotano lo delata, pero su obsesión por entender, y escuchar, al país, lo han convertido en una figura poco usual: un tecnócrata querido y un político que prefiere que le crean antes que le quieran.
“El respeto por la política se ha perdido. Yo quiero demostrar que se puede hacer bien, que se puede ganar la confianza de la gente”, sentencia. Y agrega una anécdota clave: “Cuando salí del Dane, la gente me paraba en la calle para agradecerme por decir la verdad. Creo que la política está para eso, para hacer la tarea”.
Un país que consume, pero se endeuda
Oviedo aprendió a escuchar casi por rebeldía. “Todo el país sabe que tengo problemas de audición. No oigo tan bien, pero me esfuerzo por escuchar de verdad”. No es solo un lema: lo llevó a la práctica en su campaña a la alcaldía de Bogotá, donde vivió en Bosa, una de las localidades más estigmatizadas de la ciudad. “En Colombia, la principal causa de discriminación es ser pobre o no encajar en un estereotipo. Yo quise convivir con la gente, entender sus problemas de cerca. Vivir en Bosa me permitió escuchar sin filtros y ver lo bueno y lo difícil del día a día”, asegura.
Ese ejercicio, reconoce, le dejó algo claro: “la gente siente que nadie la escucha, que sus problemas no le importan a nadie. Por eso, la desconfianza en la política. Mi mayor aprendizaje es que escuchar también es valorar”.
Cuando le preguntan por los datos que más le preocupan de Colombia, Oviedo es directo: “nos estamos comiendo la economía a crédito. Crecemos al 3% pero es un boom de consumo completamente desfinanciado que nos va a pasar factura en 2027 o 2028. El déficit fiscal es insostenible. Hay que recortar gasto y sanear las cuentas públicas desde el 7 de agosto de 2026”.
Y lo dice sin miedo a perder popularidad. Para él, gobernar es tomar decisiones difíciles, pero necesarias: “Colombia necesita un presidente capaz de usar el poder presidencial para transformar. No solo para tuitear”.
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En la conversación, Oviedo se detiene en temas urgentes: la salud mental y la violencia contra las diversidades. No le huye a las cifras ni a los prejuicios. “Hoy la mayor inseguridad es la que se vive en casa. La violencia intrafamiliar y el deterioro de la salud mental se han disparado. Y la población Lgbtiq+ sufre doble: enfrenta una tasa de desempleo superior al promedio y altos niveles de violencia y discriminación”, señala.
Reconoce que aún pesa el estigma en la política: “En el DANE vimos que 1 de cada 4 colombianos dice que jamás votaría por una persona gay. Pero eso nos hace trabajar más duro. La inclusión debe ir más allá de lo políticamente correcto: los sistemas de empleo deben reconocer las capacidades reales de la gente, sin estereotipos”.
Una apuesta por la descentralización
Como técnico, Oviedo tiene una obsesión: que la descentralización sea real y no solo promesa de campaña. “La Constitución del 91 nos dio descentralización del gasto y de funciones, pero no de capacidades. Santander, como otras regiones, debe poder decidir y gestionar sus propias soluciones, como el caso de Metrolínea. Descentralizar es dejar de mandar ‘platica’ y empezar a confiar en el talento y las propuestas de los territorios”.
Juan Daniel Oviedo insiste en el poder de la sensatez. No se identifica con los extremos y apuesta por una unión del centro político, aunque, advierte, no debe hacerse “a las carreras ni solo para ir contra alguien”. Su mensaje: que la gente vote “por el que le gusta”, no solo “por el que va ganando”.
Antes de terminar, responde las preguntas rápidas del “espejo”: lo que más le enorgullece es la disciplina y el rasgo que nunca negociaría es la sinceridad para dar retroalimentación. Como profesor, dice que la enseñanza lo obliga a dominar a fondo el tema; como político, encuentra el mayor valor en “volver a ganarse el respeto de la gente”.
La entrevista termina y Oviedo se despide fiel a su estilo. En la calle, se siente cómodo. “Lo mejor de la campaña es la calle, ver lo bueno, lo malo, la rutina de la gente. Eso me recuerda que en Colombia, todo es posible”.
















